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domingo, junio 30, 2013

CERRADO (por acoso y derribo)

Partículas de polvo flotando en suspensión. Armarios vacíos. Estanterías desangeladas. Mesas desnudas. Corchos despojados de papeles, acribillados de chinchetas. Cajones desprovistos de sorpresas. Ecos mudos de pisadas inexistentes. La arquitectura del recuerdo, detonada. Vacío en el departamento de Lengua. Pronto escombros.

Piensas en la nostalgia de eso que aún no se ha ido pero está a punto de perderse para siempre: los colegios en vacaciones son como cementerios. Los parques con columpios vacíos en tardes lluviosas.  La mirada de un niño ingresado en un hospital. Una ventana con barrotes. Las lágrimas desconsoladas de la niña que ha perdido su peluche favorito. Grietas en el techo. Tristes son muchas imágenes que se te vienen a la cabeza, como triste es cerrar (perdón, "reordenar") un instituto. 

Más allá de cerrar una etapa particular (2007-2013), más allá de lo que está por encima de ti y que se inicia (creo recordar) en 1976, más allá de todo eso hay algo peor: la aparente indiferencia por la pérdida de algo tan importante. No se trata de la pérdida de un departamento de lengua. Ni de un instituto (o parte de él). Es algo más profundo, más sobrecogedor, algo por lo que no se ha luchado lo suficiente. Es el final, ese cartel de "cerrado por liquidación", un fracaso colectivo del que he tenido el honor de participar.

Hasta nunca.

viernes, septiembre 14, 2012

1ª parada del tenebroso curso 2012-2013: marchas del 15S

Figuración aproximada del panorama de la Educación Pública
Podría intentar explicar a gente que no pertenece a la comunidad educativa lo que realmente significa un inicio de curso ejemplificándolo en la elaboración del horario de un profesor, la de horas de esfuerzo del equipo directivo que suponen, lo difícil que es casar tantas variables y supuestos en aproximadamente una semana y con directrices de la Consejería de Educación tardías e improvisadas, pero si ni muchos compañeros lo tienen en cuenta y no se muestran razonables, sería tiempo perdido. Funcionamos a base de parches para cicatrizar gangrenas (y de vendas para taparnos los ojos), pero por lo único que peleamos es por salir a la una en vez de a las dos.

Lo que importa a día de hoy es un dato incuestionable: en nuestro centro faltan por llegar 12 profesores. El director se conformaba con que el lunes se hubieran presentado al menos 6 de ellos. 6 clases, en el mejor de los casos, que quedarán vacías los primeros días del curso. Otra consecuencia más de la política educativa actual en la que la pretendida "mejora de la calidad de la enseñanza" se alcanza a través de recortes presupuestarios, recortes que significan, entre otras cosas, la reducción de grupos, la ampliación de cupos, el despido de profesores  y todo tipo de obstáculos que en realidad encubren lo poco que interesa realizar una labor mejor planificada. Lo estamos viendo: la demolición del estado de bienestar no se vale de detonaciones masivas, sino de golpes de maza menos visibles.

Los profesores vemos cómo nuestras condiciones laborales empeoran a pasos agigantados cada curso y aún falta por llegar la LOMCE (que habla, por ejemplo, de manera abierta de "traslados forzosos de docentes"). Dar asignaturas de las que no somos especialistas se ha generalizado, muchos profesores en expectativa siguen sin destino y se verán abocados a compartir centros y asignaturas o realizar sustituciones; han conseguido borrar del mapa a los interinos y nos empiezan a colar a nativos anglosajones que no han pasado ningún sistema selectivo porque quieren implantar para la educación el único sistema que los políticos conocen, el dedismo. El panorama es negro, la convocatoria de la huelga indefinida no es una respuesta realista y aunque nos disguste el funcionamiento de los sindicatos mayoritarios, lo cierto es que el pasotismo y la resignación mayoritarias no dejan otra alternativa que seguir sus cauces porque peor aún es cruzarse de brazos.

(No es plan de ponerme pesado, pero es un error ortográfico no abrir con signo de exclamación...)

El primer paso para salir del pesimismo se da mañana partiendo de la Consejería de Educación. Tengo ganas de volver a ver las camisetas verdes y deberíamos estar el mayor número de profesores en la calle protestando por todo esto. Pero no solo me gustaría ver Alcalá plagada de profesores, sino también a las familias y a nuestros alumnos, que son en realidad quienes pagan todos estos despropósitos contra la Escuela Pública.

domingo, enero 15, 2012

235. ¿Clases de espalda contra el mundo?

A menudo, aferrados al exigente (y excesivo) currículum, sobre todo en Bachillerato, corremos el peligro de que nuestras clases vayan en paralelo a cuanto acontece en el mundo. Apenas hay tiempo para mencionar los principales sucesos y parece que está prohibido comentar sobre aquello que les afecta directamente, como por ejemplo ha ocurrido con nuestras reivindicaciones de la Escuela Pública. Por eso, no creo que nos cueste demasiado dedicar unos minutos a completar la formación de nuestros alumnos exponiéndoles nuestras opiniones, siempre y cuando no rebasemos ese límite que nos llevaría a prevaricar como hacen nuestros amados y validísimos políticos.

Uno de los recursos con que contamos son los comentarios de textos. Sobre todo en 2º de bachillerato, donde los textos literarios están casi erradicados de la PAU, lo normal es que les incluyan un artículo periodístico de opinión, con lo que hay que trabajarlos mucho. Es ahí donde podemos aprovechar no sólo para que conozcan la actualidad (de la que muchas veces nuestros alumnos están totalmente desconectados), sino para que reflexionen sobre ella y, casi más importante, desarrollen una opinión argumentada sobre lo que está pasando. 

Voy a dejar una serie de artículos de opinión a modo de ejemplos. Un par de ellos (Profesores, Regalos de empresa) están ya resueltos, por si queréis utilizarlos y vais mal de tiempo. El resto tan solo están planteados (la mayoría están resueltos, pero no mandados, y vete a saber si dan con esta página y se encuentran con la tarea resuelta), pero si os interesa tenerlo resuelto, tan sólo tenéis que pedírmelos. En las etiquetas vienen los títulos y autores de dichos artículos de opinión.


Profesores EN DEFENSA DE URDANGARÍN Regalos de empresa Interino Ética Esos saberes irrelevantes El partido

jueves, diciembre 29, 2011

231. ¿A quién nos queremos parecer? (II: Suecia, Heckman)

Siguiendo con la comparativa de los modelos educativos con mejores resultados (ver ¿A quién nos queremos parecer, I), le llega el turno a Suecia, donde Odd Eiken, ex secretario de Estado de educación, nos comenta su funcionamiento. Su modelo, a mi modo de entender, es más peligroso de cara a nuestro país, y ahora explicaré por qué.

Abolieron su LOGSE porque igualaba a la baja y plantearon una reforma que premió la excelencia. Para ello, optaron por facilitar el derecho a elegir colegio: los más requeridos son los más subvencionados (y a la inversa) para fomentar la mejora de la calidad educativa. Pero ojo, Espe, Luci y Ali, nada de que el derecho a elegir el mejor cole esté reservado a quienes se lo pueden pagar. Y es que han implantado un sistema de bonos:

El Estado da un cheque entre 6000 y 7500 € anuales, independientemente de la renta de cada familia. El cheque cubre al menos el 85% del coste de la escuela y se puede elegir pública o privada. Dos peligros le veo: no tenemos cultura de cheques y sí de malversar (el dinero acabaría en todas partes menos en los coles). Y aquí se fomentaría la privada, no se juega en igualdad de condiciones y ya conocemos esa retórica falaz de la "libertad de elección de centro por parte de las familias": te cierro los coles públicos, te abro concertados, digo que el alumnado de la pública baja, me sale más rentable un concertado y que nadie discuta o se le abre un expediente.

Volviendo al sistema de bonos, llama la atención que vaya al margen del nivel de ingresos de las familias. Eiken responde: "teníamos mucho déficit público y hubo que inventar el estado de bienestar para salvarlo (...). La educación y la sanidad siguen siendo universales, pero si en un centro no te atienden bien, acabará cerrando por que la gente puede irse a otro donde lo hagan mejor".  Aquí directamente ni se plantean eso de salvar el estado de bienestar. Aquí lo que prima es el estado de privatizar.

Pasamos a las reflexiones de James Heckman, Premio Nobel de Economía estadounidense. Aquí copio varias de sus ideas:
  • Estimular al niño en Preescolar es clave del éxito y sale rentable: devuelve de entre un 7 y un 10% anual al Estado. "Es más rentable invertir aquí que en Bolsa".
  • No se trata de enseñar a leer cuanto antes, sino de estimular las habilidades sociales y la formación del carácter, mucho más importante que el cociente intelectual. Antes de los 4 años se consiguen grandes logros. 
  • Hay que evitar los ambientes desfavorecidos porque desarrollan menos habilidades.
  • Transmitir conocimientos no es tan importante como motivar, y eso no está reñido con la disciplina. 
  • La familia es clave en este proceso.
Este hombre habla de cosas muy extrañas: ¿la etapa Preescolar una gran inversión? ¿Sin tarimas se pueden conseguir buenos resultados? ¿Las familias implicadas? ¿La instrucción no es el principal caballo de batalla? ¿Hay que ayudar a educar en la escuela? Bah, ni puto caso, por más que sea un Premio Nobel. Nosotros a lo nuestro, a desmantelar la red de escuelas infantiles públicas y a seguir hurgando en la sima de las desigualdades, que el niño que nos importa es Borja Mari, amiguito del nieto de Josemari Aznar, y con cuantos menos tenga que competir, mejor que mejor.

sábado, diciembre 24, 2011

229. Canción de Navidad

Adaptación libre de Canción de Navidad, de Charles Dickens.

Para empezar, la Pública había muerto. ¿Esperanza Scrooge lo sabía? Por supuesto que sí. ¿Cómo iba a ser de otra manera? Esperanza Scrooge era su principal administradora, pero no le afectó terriblemente el acontecimiento.

Esperanza Scrooge era una mujer huesuda, pecadora, de nariz puntiaguda, rostro arrugado (¡salvo en breves periodos de tiempo, los de las elecciones, donde rejuvenecía gracias al Photoshop), voz crispada , insulto fácil (lo que algunos ignorantes llamaban “decir las cosas por su nombre”). Una escarcha helada le cubría la cabeza, las cejas y la barbilla estropajosa. Lo peor, sin duda, era su afán privatizador, pues era una antítesis de Robin Hood: quitarle a los pobres para dárselo a los ricos. Por eso, jamás la paraba nadie por la calle para decirle con mirada sonriente “qué tal está?”, los pobres no le pedían limosna, los niños no le pedían la hora…

Aquella Nochebuena del año en el que había acumulado los mayores desagravios contra la Pública, algo que le hacía estar orgullosa y satisfecha, llegó a su palacio y se asustó al ver en la aldaba el color verde (color que había desterrado de todos sus aposentos). Esperanza Scrooge, sin embargo, no era mujer que se impresionara fácilmente, y negó con la cabeza: “¡Paparruchas!”. Subió hasta habitación y siguió con sus habituales rutinas, no sin antes acostarse hojeando los informes de sus subordinados, donde claramente se indicaba que por primera vez en mucho tiempo, los centros privados y concertados superaban a los públicos.

Entonces, se apareció el fantasma verde de la Pública.

–¿Qué quieres de mí? –le preguntó Esperanza Scrooge tratando de ocultar su pánico.

–¡Mucho! –le contestó el Fantasma verde mirándole fijamente a los ojos con esa expresión que sólo los condenados pueden albergar.

–¿Quién eres? –volvió a preguntar Scrooge.

–Pregúntame quién fui… En vida fui la Pública.

Esperanza Scrooge no creía en lo que estaba viendo y se lo dijo al espíritu de la Pública. Adujo que su aparición sería fruto de una indigestión, aunque el Fantasma de la Pública dio un grito tan lúgubre y espantoso que Esperanza se sujetó a la cama como pudo, cayendo de rodillas ante el espectro.

–¡Compasión! –dijo–. Atroz aparición, ¿por qué me torturas? ¿Por qué vienen los espíritus a la tierra y por qué se me aparecen a mí?

El espíritu le dio una explicación sobre compartir la felicidad en la tierra y de nuevo lanzó un grito y sacudió la cadena y sus sombrías manos. Esperanza Scrooge le preguntó por qué estaba encadenado.

–Llevo la cadena que me forjaste en vida. Me la hiciste eslabón a eslabón.

Esperanza Scrooge quiso que le contara más, pero el Fantasma de la Pública le dijo que no se le permitía contarle mucho más salvo que estaba allí para tratar de que se arrepintiera y reparara sus daños: “esta noche estoy aquí para advertirte que tienes todavía una oportunidad de cambiar mi destino. Recibirás la aparición de tres espíritus. Mañana el primero llegará cuando la campana dé la una. El segundo vendrá la noche siguiente a la misma hora, y el tercero cuando la última campanada de las doce haya dejado de vibrar. ¡Procura, por tu propio bien, acordarte de lo que ha pasado entre nosotros!

Dicho esto, el espectro cogió sus cadenas y salió por la ventana gimiendo y padeciéndose por su triste y adverso destino. Fuera, en la calle, se unía a otros fúnebres gritos de lamento, de pena, de pesar. La bruma se los llevó al cabo de un tiempo. Esperanza Scrooge cerró la ventana y examinó la puerta por la que había entrado el fantasma, que seguía cerrada con dos vueltas de llave (hacía no mucho habían intentado robarla). Intentó decir “¡Paparruchas!”, pero se detuvo en la primera sílaba y por la emoción de los avatares cayó en la cama y se quedó dormida en un instante.

Cuando Esperanza Scrooge se despertó estaba muy oscuro. Le parecía imposible haber dormido todo un día y parte de la noche siguiente. Miró por la ventana y seguía haciendo muchísimo frío y seguía habiendo muchísima niebla. Llegaron los cuartos de la hora señalada, y se alivió al ver que no había venido nadie, pero al instante un resplandor iluminó su dormitorio y una mano abrió las cortinas de su cama.

Una figura extraña que parecía un niño, se presentó: “Soy el espíritu de las Navidades pasadas. ¡Levántate y ven conmigo!”. Esperanza Scrooge estaba en zapatillas, bata y gorro de dormir, pero no opuso resistencia.  Le llevó hacia la ventana y traspasaron la pared para llegar a un camino en medio del campo.

–¡Santo cielo! –exclamó emocionada Esperanza Scrooge–. En este lugar me crié. ¡Aquí viví de niña!

–Estos son solo sombras de las cosas que han existido. Nadie es consciente de nuestra presencia.

Llegaron a una vieja escuela. “La escuela no se encuentra vacía del todo. Una niña solitaria, abandonada por sus compañeros, sigue ahí”. El espíritu le hizo comprender sin palabras que esa niña abandonada y reconcentrada en sus pensamientos había empezado a urdir un siniestro plan de venganza por haberse quedado sin amigos. No importaba que siempre en sus juegos propusiese ser la jefa y los demás sus sirvientes y que por eso se habían cansado de ella. Sin embargo, ahora la nostalgia le ahogaba y por eso se emocionó cuando el escenario cambió para adelantarse unos años más y vio que su escuela se caía a cachos antes de mudarse a un colegio de monjas.

Posteriores escenas de su adolescencia y juventud siguieron haciendo mella en su ánimo. Veía que en los posteriores colegios religiosos, rezando y yendo a misa sin descanso, con aquellos compañeros uniformados y redichos, no era tan feliz como cuando compartió estudios con aquellos pobrecitos que sufrían y soportaban sus desmanes y sus ínfulas de poder.

–¡Espíritu! –dijo Scrooge–, ¡no me enseñes más! ¡Llévame a casa!

Pero el espíritu de las Navidades pasadas le dijo que faltaba una sombra más, con lo que el punto culminante de aquella visita fue cuando se vio jovencita y lozana desdeñando al gran amor de su vida porque era un pobre paria que había estudiado en un instituto público.

De pronto todo el escenario se tornó negro y vio que había vuelto a su cama, donde cayó en un profundo sueño. Volvió a despertarse cerca de la una y fue ella misma quien descorrió la cortina para no llevarse otro sobresalto. Vio un resplandor en la habitación de al lado y oyó que la llamaban. Allí vio a un gigante con aspecto glorioso, que se presentó: “Soy el fantasma de las Navidades presentes. ¡Mírame!”. Le contó que tenía más de 2000 hermanos mayores y a continuación le exhortó a Scrooge que tocara su manto.

Eso le transportó a las calles sucias y contaminadas de su caótica ciudad, donde la lotería había pasado de largo y sin embargo la gente se esforzaba en mostrarse cordial y animada, tratando de pasar de largo por los problemas acuciantes de no tener empleo o de seguir padeciendo las amenazas de recortes, de bajadas de sueldos, de más horas de trabajo (incluso los domingos y festivos)… Continuaron, invisibles, la visita, metiéndose por los suburbios de la ciudad. Llegaron hasta un barrio humilde, una pequeña casa con un grupo alborotado de niños celebrando la Navidad con alegría a pesar de que no había calefacción y apenas un plato para cada uno. Esperanza Scrooge reconoció al hombre que acababa de entrar: uno de esos manifestantes indecentes que le habían pedido no cerrar el colegio público porque no podría permitirse el concertado lujoso que estaban a punto de estrenar.

Ese hombre cargaba con uno de sus hijos pequeños al hombro, un pequeño que necesitaba una pequeña muleta y un aparato metálico en las piernas. Se sentaron sobre la mesa y un pequeño refrito de productos casi caducados fue recibido con gran alborozo, sobre todo a la hora del ganso, que sabiamente la mujer había conseguido aderezar. “¡Feliz Navidad para todos!”, gritaron a coro. Esperanza Scrooge preguntó por el pequeño de las muletas y el Espíritu de las Navidades presentes le dijo que tendría que abandonar la escuela el año siguiente porque su amenaza de que la enseñanza no fuera obligatoria seguiría adelante.

Esperanza se sorprendió cuando se propuso un brindis en su honor: “¡Un brindis por la señora Esperanza Scrooge, la benefactora de la fiesta!”. Un poso de oscuridad se cernió sobre la familia. Sin duda, ella era el ogro de la familia. Cuando su visión se desvanecía, Scrooge tuvo los ojos puestos sobre todo en el pequeño de las muletas y siguieron visitando lugares humildes donde la educación se había convertido en un lujo que no se podían permitir, hospitales donde enfermos que esperaban meses de espera dejaban un hueco en sus corazones para disfrutar de la Navidad, casas de mendigos, cárceles y todo tipo de refugios de la miseria donde estaba vedado el paso de la educación.

Al terminar aquella agotadora noche, Esperanza Scrooge se fijó  en algo raro que sobresalía de la túnica del Espíritu: “¿Es un pie, o una garra?”.

–¡Hombre! Mira aquí. ¡Mira, mira aquí abajo!

Eran un niño y una niña. Amarillos, exiguos, harapientos, lobunos, postrados en su humildad.

–¿Espíritu, son tuyos?

–Son tuyos, se agarran a mí suplicantes apelando contra tus privatizadoras maniobras. Este chico es la ignorancia. La chica es la necesidad. Sé consciente de los dos, pero sobre todo sé consciente de su condena.

Nada más llegar de nuevo a la habitación de Esperanza Scrooge, la campana dio las doce. Un espectro solemne, cubierto y encapuchado, envuelto en un negro profundo que le ocultaba la cara y la figura, salvo su mano extendida, sustituyó al anterior. Era alto y majestuoso y su misteriosa presencia le infundía pavor, sobre todo porque no hablaba. Esperanza Scrooge preguntó:

–¿Estoy en presencia del Espíritu de las Navidades venideras?

El espíritu no contestó, sino que hizo un gesto con la mano señalando hacia delante. Sus ojos fantasmales la miraban fijamente, pero Esperanza Scrooge se armó de valor para seguir su sombra. Llegaron a un montón de escombros, bajo cuyos restos un grupo abigarrado de mendigos trataba de calentarse en los rescoldos de una fogata pestilente. Oyó cómo comentaban un luctuoso suceso, aunque ninguno mostraba mucho pesar. “Lo malo es que ya sea demasiado tarde y esta escuela pública no vuelva jamás a levantarse, el daño ya está hecho”.

Pasaron a otro escenario, una  miserable tienda de empeños. Dos mujeres y un hombre le estaban vendiendo una serie de objetos que habían robado en casa de la recientemente fenecida. Los tres defendían su derecho a subsistir, lección que habían aprendido precisamente de ella. Esperanza Scrooge se preguntaba de quién estarían hablando y temblaba ante la falta de misericordia de la que hacían gala. Ninguno le perdonaba que hubiera destruido el futuro de sus hijos y sólo se hubiese preocupado de los pudientes.

Llegaron hasta el lecho de muerte. Un velo la cubría, no así las cortinas de la cama, que habían sido arrancadas. La soledad era tan acentuada que Esperanza Scrooge rogó al espíritu que le llevara a alguien en la ciudad que se sintiera conmovido por la muerte de esta mujer. “¡Muéstramelo, espíritu, te lo suplico!”. Sin embargo, se trasladaron a un lugar donde el único sentimiento que había era el de alivio. Reconoció la casa de aquel hombre y su hijito tullido, y se entristeció al oír que se había descarriado cuando los orientadores tuvieron que irse a sus casas y cuando las tutorías se suprimieron para dar matemáticas intensivas que el chico no entendía. Ahora estaba en la cárcel, enganchado a la heroína.

A continuación, visitaron el camposanto, una vez que Esperanza Scrooge comprobó con extrañeza que su oficina estaba ocupada por otras personas. Al leer su propio nombre en la lápida, “ESPERANZA SCROOGE”, se echó de rodillas y lloró: “¡Oh, no! ¡Espíritu, escúchame! Ya no soy la misma mujer que antes. No seré quien podría haber sido si no fuera por tu intervención. ¿Por qué me enseñas esto si ya no tengo ninguna esperanza? ¡Asegúrame que estoy a tiempo para cambiar estas sombras que me has enseñado si cambio mi vida! Honraré las Navidades con todo mi corazón e intentaré mantener el espíritu de la Pública todo el año. Los espíritus del pasado, presente y futuro lucharán dentro de mí y no rechazaré las lecciones que me enseñen”.

Sostuvo la mano del espectro, pero el espíritu lo rechazó. Cuando se quiso dar cuenta, vio que estaba agarrando un pilar de la cama. Esperanza Scrooge se regocijó y se propuso cambiar desde ese mismo momento. No podía dejar que la excelencia fuera un asunto que lastrara a tanta gente, ni podía dejar en la estacada a tantas familias humildes. Se esforzó tanto en que la Pública no desapareciera, que pronto las subvenciones a los centros privados y concertados se tornaron en las ayudas que le hacía falta a la Pública. Dejó de perseguir el color verde y lo llevó por fin en su corazón, como símbolo de su propio nombre. Acogió al chico de las muletas proporcionándole una atención individualizada y una PT que le atendiera y prácticamente se convirtió en una segunda madre para él y para todos los alumnos de la Pública. Y lo mejor de todo es que recibía a cambio una inmensa alegría, y no tanto déficit como al principio temía. La comunidad prosperó y se la recordó como una dirigente que supo variar su política de estrechas miras y entró a formar parte de los escogidos que siempre se veneran.

FIN.

¡Felices y Verdes Fiestas para todos!

domingo, diciembre 18, 2011

228. AFDI (¿Ayuda a la Función Docente?)

Desde ayer llevo intentando meter las notas de la primera evaluación en el AFDI, nuestra queridísima herramienta para introducir faltas y notas, esa cosa que ya denunciaron unos valientes profes del IES Matías Bravo ante Rocío Albert López-Ibor, Directora General de Mejora de la Calidad de la Enseñanza, y Francisco López Rupérez, Presidente del Consejo Escolar de la Comunidad. Sí, esa aplicación nefasta que te hace perder tiempo, que no te permite cerrar sesión y que lleva casi dos días... así:

AFDI: no sabe, no responde

A las evidencias me remito de la calidad de la Enseñanza Pública que padecemos...