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sábado, abril 07, 2012

244. Penitencias varias en Semana Santa

Últimamente, leer la prensa y echar un vistazo a menéame se está convirtiendo en motivo de disgustos permanentes y, lo que es peor, crecientes. Asistimos con una pasividad angustiosa y alarmante a un ataque continuado contra el estado de bienestar y nos mantenemos con los brazos cruzados. Es de suponer que términos como 'presupuestos generales' o 'reformas en sanidad y educación' suenan demasiado etéreas como para relacionarlas con la pérdida de derechos adquiridos durante décadas y hasta que no sufres "en tus propias carnes" el despido o la injusticia de turno, no te crees lo que está pasando. Podemos jugar a quién tiene la culpa como hace el diminuto señor francés de las alzas, pero lo importante es que no se están defendiendo medidas que frenen las desigualdades sociales. Porque encima seguimos con la sensación de que esto no ha hecho más que comenzar y que seguiremos purgando los errores de nuestros incompetentes dirigentes políticos, marionetas de los mercados económicos.

A modo de ejemplo, aquí van unas cuantas noticias en Semana Santa (vía El País, con su actualizada web organizada por temas; vía menéame; y vía profesorgeohistoria, ya concretando más en educación). Si no eres un fanático político o monárquico, estás forrado o perteneces a la Iglesia, te tiene que hervir la sangre y, por tanto, cumpliremos nuestra particular penitencia:

Noticias sacadas de El País:
Noticias vía menéame:
Y ya en un plano más educativo, el blog de profesorgeohistoria concreta cada uno de los recientes ataques que se producen contra la Escuela Pública: da igual que la mayoría de los españoles la consideren la mejor, solo existen subvenciones para los de siempre (El Opus Dei logra que sus colegios sexistas sean subvencionados) y ya se preparan los conciertos para Bachillerato. Queda claro que los presupuestos excluyen la educación, aunque el escándalo en la partida de recortes reactivará la Marea Verde, puesto que parece que la comunidad educativa se rebela. Ojalá.

domingo, marzo 11, 2012

241. Nimileurismo

Magnífico el reportaje de El País, Generación 'Nimileurista', sobre el auténtico drama de la depreciación de nuestra sociedad. Cuando piensas en una política (o políticas) equivocada(s) y tienes en la cabeza la palabra izquierda o derecha como conceptos difusos, te olvidas de lo verdaderamente importante: cómo hemos ido perdiendo paulatinamente calidad de vida a pasos agigantados. Me da igual el signo político que luzca porque unos y otros nos han deparado este panorama tan deprimente donde la emigración es casi la única alternativa para el paro.

El reportaje dice que lo que hace poco era un símbolo de precariedad, ser mileurista, hoy en día es un privilegio (privilegiado, ese calificativo que usan algunos para hablar de nosotros los funcionarios, pero que nos cuesta tanto atribuir a esos políticos incapaces de atajar los cinco millones de parados o la corrupción galopante y mientras nos tratan de distraer con la "situación estructural" del aborto -hipervinculo a Gallardón con lo que es más que con lo que quiere evitar-, o a esos empresarios que nos instan a trabajar como chinos para vivir como españoles y pretenden más privilegios aún para campar a sus anchas). Esta es la triste realidad de nuestro país.

Que no nos vendan la moto. Como decía Ramoneda en su interesantísimo artículo La izquierda y los tiempos nuevos, "bajar el coste del despido no crea puestos de trabajo, crea desempleo". La reforma laboral es otro retroceso, como lo es la política que se está haciendo en este país, preocupada por los déficits y los equilibrios presupuestarios, y la sociedad, cada vez más desequilibrada e injusta. Un hijo de un político o de un empresario o de un pez gordo no va a sufrir las consecuencias que a la mayor parte de la sociedad le van a ocasionar, de ahí que ellos no vayan a modificar su rumbo. En cambio, el resto, la mayoría, no debemos aguantar que cada año estemos peor que el anterior. Se hace necesaria una revolución que termine con estos desmanes, y partir de la autocrítica (empezando por los sindicatos y siguiendo por el 15M) para acabar con este empobrecimiento. De momento, en clase, hay que proseguir con la labor educativa que ayude a que nuestros alumnos sean más críticos de lo que son y para ello lo mínimo será leerles este reportaje.

lunes, febrero 13, 2012

238. ¿Y qué más?

El viaje a doble velocidad que se está produciendo no deja de causar(me) asombro. Se entiende que la minoría que goza de los privilegios quiera transmitir esa certidumbre del caos por culpa de la crisis económica para apretar las tuercas al sistema productivo del que se abastece. Si estuviéramos en su lugar y en vez de conseguir un 5% más de beneficios que el año anterior, tal vez haríamos lo mismo, considerando inaceptable ganar un (pongamos) 3% menos cuando las condiciones laborales pueden ser más y mejor explotadas.

Lo que no se entiende es el punto de vista de quien viaja en el carril más lento, por no hablar del carril contrario directamente. El despido es una barra libre, el improcedente queda desterrado de los diccionarios, el salario mínimo es paupérrimo (aunque aquí no se dice de igualarnos con Europa) y todavía hablan de recortar el derecho a huelga (Duran i Lleida). Pasa todo eso y en vez de levantarnos en armas y montar un cristo de la hostia, les damos la razón cayendo en la trampa en la que esa clase dirigente y pudiente nos ha metido, como si siguiéramos teniendo nosotros la culpa de los más de cinco millones de parados. 

Y no, no la tenemos, no intervenimos en esa despiadada cadena de montaje (salvo para sufrirla) donde somos la última e ínfima bisagra. Nosotros somos los perjudicados, los afectados, los parias. Mientras seguimos perdiendo trabajos, poder adquisitivo, derechos y dignidad, hay una serie de multimillonarios, de privilegiados, de próceres y de mandatarios de miras estrechas que no sólo no se ven afectados por la crisis que ellos mismos han provocado con sus desmanes y abusos (los que legitima esta sociedad capitalista), sino que suman y siguen.

En ese engranaje pérfido y malintencionado, los que somos más resulta que pesamos menos. Con lo que costó adquirir la conciencia obrera, parece que haya que renegar de ella porque lo dicte una parte de la izquierda que dejó de serlo hace tiempo, ese sector progre que destila (o atufa) izquierdismo obsoleto desde sus elevados sueldos y su conciencia sectaria de clase (cualquier cosa menos igualarse a la mayoría, por más que naden lejos de las piscinas de los oligarcas). Porque el sector de la derecha tiene bien clarita la hoja de ruta y ya sabemos a qué o quiénes responden.

Y ha llegado el momento de decir basta. De no creernos sus patrañas. De desmontar el chiringuito desde el que unos pocos se regodean con el beneplácito o con la connivencia de nuestra incompetente clase política, servil instrumento de esos pocos en vez de responder al interés de la mayoría. Hay que dejar de consentir y de justificar, hay que olvidarse de siglas de partidos y mirar por lo nuestro ya que ellos no lo hacen, pasándonos si hace falta por el forro de los ******* si es necesario las directrices que dictan Francia y Alemania. Porque lo nuestro no son prebendas para mediar por ningún yerno que quiere choricear a costa de la manga ancha que prodigan nuestras Administraciones; ni medrar a costa de ningún amiguete del alma para que nos regale trajes de forma inocente; ni dilapidar miles de millones de euros en obras faraónicas encubriendo dinero negro a espuertas; ni chulear a los contribuyentes robando dinero para sus chóferes, mayordomos, coches de alta gama, ipads e iphones (por no hablar de cocaína o putas); que no nos repartimos ni la mitad de la mitad de la... de las millonarias indemnizaciones o bonus de los bancos o cajas de ahorro... Que simplemente pedimos que no nos ninguneen y ahí entra en juego, por ejemplo, retomar la importancia de la educación.

Eso sí, otra opción en vez de la tan temida revolución y decir hasta aquí hemos llegado es la de resignarnos. En la línea de las medidas que se están adoptando, aplaudiremos declaraciones como las de fomentar el voluntariado, asumiremos como un maná la estafa de los Minijobs, consentiremos cada subida de sueldo del alcalde de turno financiada a base de despidos de funcionarios (ah, esos grises seres que se oscurecen tras unas tristes oposiciones, ignorando que términos como igualdad y mérito cayeron tiempo ha en favor del enchufismo y el pelotazo, tan típicamente españoles como los toros y olé), silenciaremos del todo a los sindicatos (cuya credibilidad sigue siendo menoscabada por quienes no cuestionan sin embargo a los que dominan la escala jerárquica, algo parecido a lo que sucede con los privilegiados y vilipendiados funcionarios) e incluso vitorearemos a quienes nos humillan. 

Propongo, pues, una vuelta al feudalismo, donde la nobleza de antaño sea sustituida por los jeques árabes petroleros, los capos de las mafias de drogas y de armas, los tiránicos mandamases de las grandes compañias que arrasan los recursos de la Tierra, los politicuchos venidos a más con cada vez menos (inglés, oratoria, incluso sintaxis). Restauremos incluso el derecho de pernada a cambio de lo que ahora no tenemos: un trabajo cuyos réditos vayan para ellos íntegramente y una puñetera casa donde caernos muertos sin temor a un desahucio. O, mejor, propongo volver al viejo sistema (es cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor) de la esclavitud, que no sé por qué coño fue abolida. Y que nos pongan cadenas que nos recuerden su yugo y que nos marquen la piel a fuego por si nos vuelve a dar un peligroso brote de rebeldía.