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lunes, febrero 26, 2007

36. Gamberradas


Por el título a lo mejor habéis empezado a leer un poco asustados, pensando en alguna gamberrada que haya podido sufrir, pero antes de nada, tranquilidad, que el gamberro he sido yo.


A veces las clases son un poco monótonas, así que casi siempre sueles intercalar bromas o comentarios para sacar alguna sonrisa a algún alumno que te pilla medianamente la ironía o el sarcasmo de turno.


A veces hasta me da por dar sustos. Os pongo en situación: mi tutoría, en clase de lengua. Estoy explicando algo y no se enteran, así que elevo un poco más mi tono de voz. Oigo desde el otro lado de la pequeña clase:

Ay, profe, qué gritos metes.


Localizo el objetivo. Es una niña que todo lo que se le pasa por la cabeza lo suelta y además es muy natural. Por suerte es bastante infantil, así que lo que se le ocurre no son burradas. Me acerco a ella lentamente y ella se pone en guardia. Como está tan pendiente, decido suspender mi procedimiento. Pasamos a otro ejercicio y pregunto a otro alumno.


Me da otra respuesta equivocada. La alumna ya no está pendiente de mí. Lo he logrado. Me acerco a su oído y, esta vez sí, grito que está mal lo que ha dicho el otro. La pobre alumna pega un bote y emite un gritito. Y luego esconde la cabeza y empieza a partirse, muerta de risa. Más adelante incluso dice: Porque eras tú quien eres tú, que si no te metía una torta.


(En una corrección de ejercicios me disculpé, que conste. Y suelta en voz alta hoy, que ha sido cuando le he entregrado las correcciones: Qué gracioso el profe, se disculpa, con lo que yo me reí).