¡Oh, mesías, oh Santísima Trinidad Rajoy-Esperanza-Wert! Ante ti-vosotros nos hincamos de rodillas y te-os damos gracias por tu-vuestra taimada gestión.
Antes de nada, iniciemos el mantra oracional:
Gloria a Rajoy, a la Cospe y al Guindos.
Como era con Franco, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.
¡Ave María Purísima, sin educación pública concebida!
Santa Esperanza, la madre que te parió, ruega por nosotros, españoles, ahora y en la hora de Ángela Merkel. ¡Hágase tu voluntad en el Reino de España y en la Comunidad de Madrid!
Ruega por nosotros, Santa Madre que te parió, para que seamos dignos de alcanzar el déficit previsto y bajar la prima de riesgo.
Cuatro esquinitas tiene mi cama,
cuatro angelitos que me la guardan:
dos en la cabecera, dos en los pies,
y la Espe en medio,
que es quien me da cera.
Santa Cospe y Santo Wert,
guardad mi camiseta verde,
antes de que me la queráis joder.
Gracias a los rezos y a la confianza ciega en Nuestro Señor Rajoy expulsaremos el aura negro que se cierne sobre los que han perdido la fe. Porque hace falta fe cuando ves que tu Presidente se va a Polonia para jalear a la Roja. Aunque ¿cómo perder la fe viendo los milagros que este Santo Gobierno realiza? ¿Cómo no considerar milagroso lo que hacen con la Educación Pública? Aumenta el número de alumnos, se reduce el número de profesores (para más datos estadísticos, pincha en Valles y Cumbres), pero la educación no se resiente, sino que mejora.
¡¡¡ALELUYA!!!
Pero para milagro, el principal milagro es que después de tantos desastres juntos (tiros en los pies y en los pobres elefantes desde la supuesta Casa que nos representa, desfases inmorales desde las altas instancias judiciales, déficits que se corrigen a destiempo mientras se pita el himno, recortes y más recortes para unos mientras otros disfrutan de amnistías fiscales, empobrecimientos de las condiciones laborales para no bajar ese paro que iba a desaparecer por su barba bonita -a lo mejor ese milagro es para después, quién sabe-, mentiras sin fin en las elecciones, rescates para tapar el indecente agujero de los bancos que no dudan en descender su pulgar a aquellos que no pagan...) no haya habido una revolución o, como mínimo, dimisión en pleno y nuevas elecciones.
Recemos, oh, pecadores, ya centrándonos en nuestra casposa tiza y nuestro vapuleado púlpito, para que frene el incremento de las ratios y de nuestras horas laborales (habrá que empezar a plantearse acampar en el instituto y pasar ahí las noches para aprovechar mejor el tiempo), para que se detengan los despidos de los interinos que persisten, para que se erradiquen las subvenciones ala concertada, para que dejen de quitar becas y subir tasas, para que los centros de excelencia no chupen los pocos recursos que le ceden a la pública, para que en la asignatura de Educación para la Ciudadanía o como la llamen ahora no cedan sus horas para incrementar la catequesis, para que no nos vuelvan a bajar los sueldos, para que el curso que viene sigamos inundando de verde las calles y las conciencias ciudadanas.
