Mostrando entradas con la etiqueta recortes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recortes. Mostrar todas las entradas

martes, noviembre 13, 2012

¿Por qué lo llaman reordenación cuando quieren decir privatización?

Atraco a mano armada del AntiRobin Hood
Ayer fueron citados siete centros de Móstoles, aparte de otros de la zona sur. Había cuatro puntos:
  1. Viabilidad de los centros.
  2. Mejora de la oferta educativa.
  3. Consolidación de las plantillas de los centros.
  4. Reorganización de la FP.
Se pueden resumir en uno: hay que reordenar la zona sur. Actuaciones: fusionar centros y transformar los centros en FP.  En Móstoles, las fusiones planteadas son las siguientes: el Octavio Paz (que nació de la fusión hace poco de El Cañaveral y el Ana Ozores) se fusiona con el Nebrija, aunque la jugada se complica con el pase del Juan Gris al Octavio Paz (el dato seguro que está mal porque no lo entendí muy bien, me pareció un traspaso a tres bandas de la NBA). El Luis Buñuel pasa a ser centro específico de FP. Sus alumnos de la ESO se van a Los Rosales y recibe grupos del módulo Servicios de la Comunidad y Artes Gráficas del Europa. Por su parte, el Felipe Trigo queda como centro específico de FP y se recibe a los alumnos de Administración del Buñuel. La ESO y el Bachillerato pasa al Falla.

Un tetris complicado que se resume en que si había dos centros, quedará uno, por más que disfracen la realidad. Con estas fusiones, desaparecerán el Luis Buñuel, el Felipe Trigo y el Octavio Paz. Lo "extraño" es que el Ayuntamiento está conforme con estos cambios que permiten que centros públicos desaparezcan. Es el preludio a la ley de la LOMCE, por la cual los institutos públicos tendrán que especializarse: unos darán el bachillerato de artes plásticas, otros el técnico, otros la ESO... Lo que se avanza en la zona sur se aplicará en toda la Comunidad de Madrid (y, por extensión, al resto del Estado, que la sombra de Wert es alargada) más tarde o más temprano. Esta especialización supondrá el cierre de muchos centros. Los que sobrevivan en esta primera fase no tienen asegurado su pervivencia después.

Hay que recordar que ya en nuestra Comunidad la friolera del 49% de la oferta educativa que se oferta forma parte de la enseñanza privada. Se pretende que de los 50.000 profesores (incluidos maestros) las cifras se reduzcan como máximo a 38.000. No hace falta ser un genio en matemáticas para ver que si se fusionan centros, se aumentan ratios y horas lectivas, sobramos una cantidad importante de docentes. Por ejemplo, en las especialidades de Dibujo, Música y Educación Física se verán abocadas a que sus profesores con oposición pero sin plaza tendrán que hacer sustituciones. Los interinos, fuera.

El movimiento contra la Pública es imparable y ahora más que nunca el ritmo es vertiginoso. Una fusión y su subsiguiente reordenación de la plantilla no significa la salvación del centro. Por lo visto, la Comunidad de Madrid no admitirá que haya institutos con menos de 16 grupos de la ESO y 4 de Bachillerato. Un centro fusionado que empiece a perder alumnos correrá el sino del Octavio Paz, cuya fusión ha derivado en desaparición. 

Desplazamientos forzosos, personal sobrante por una parte, menos grupos en el cómputo total, sí; pero no todo es ahorro: se requerirán obras para adaptarse a los cambios, se perderán los recursos empleados para dotar a los centros de material, las remodelaciones emprendidas años atrás para que los centros específicos de FP pasaran a albergar también la ESO volverán a su punto de origen (un ejemplo: en el Felipe Trigo el año pasado hubo que invertir 50.000 euros para que el gimnasio del colegio cerrado Tierno Galván pasase al Trigo. Ese dinero, un año después, se puede considerar tirado a la basura). Luego nos venden que es un tema económico. Que no nos engañen: los recortes tienen un cariz ideológico y el horizonte es la privatización.

Y ahora, ¿qué hacemos los profesores y las familias implicadas en la educación de sus hijos? ¿Permitimos sin más que estas imposiciones que vienen de fuera del tejido educativo sin ningún criterio pedagógico se lleven a cabo, o nos uniremos de una vez por todas para hacer fuerza y tratar de impedirlo? Mientras todo se reduzca al localismo bananero de querer salvar nuestro IES particular y nos desentendamos del IES vecino que pierde comba, mientras pensemos "que se apañen los de Móstoles o los de la zona sur", mientras que creamos que nuestra plaza definitiva no la tocan porque mi centro tiene línea X por encima del mínimo, mientras que creamos que Infantil, Primaria, Secundaria, FP, Universidad no sufrirá las mismas consecuencias de los recortes, haremos el juego a los gestores que piensan en términos más ambiciosos. El negocio de la Sanidad y la Educación es demasiado goloso para nuestros queridos explotadores y de momento no nos hemos conseguido concienciar de que o vamos juntos o la unión llegará cuando hayamos dejado de ser profesores de la Escuela Pública.

lunes, noviembre 12, 2012

Más consecuencias de los recortes: adiós al Felipe Trigo


Con la habitual manera de proceder para asuntos importantes (iba a poner educativos, pero lo vemos en cualquier ámbito), hoy nos hemos enterado de que nuestro centro dejará de impartir el año que viene la ESO y Bachillerato. Quedará como centro exclusivamente de ciclos. Mañana nos lo explicarán más detenidamente en un claustro, pero parece una decisión irrevocable. Se nos fusiona con otro centro y listo. Se recoloca a profesores y alumnos y aquí no ha pasado nada y ni siquiera perdonen las molestias. A obedecer y a callar. Nada de preguntarse quién toma este tipo de decisiones y en base a qué argumentos. ¿La comunidad educativa nada tiene que decir? ¿Y el tejido social de Móstoles? Y por otra parte... si esto se confirma, ¿no pasa nada?, ¿lo vamos a permitir?, ¿vamos a dejar que desaparezca otro servicio público?

Y es que esta noticia queda y quedará en un segundo plano y será una gotita más en el océano de las pérdidas y de los recortes. No es el primero ni será el último, aunque parece que cada vez los movimientos que conllevan el cierre de grupos, de bachilleratos y de centros incrementan de modo más vertiginoso. Nada más que los afectados (aunque conociendo el percal ni eso) se moverán para tratar de evitar lo que parece inamovible y por más que exista una presunta movilización de familias y se multipliquen las iniciativas en defensa de la educación pública, volveremos a recibir las consabidas excusas que hablarán de la optimización de los recursos, de los sacrificios por culpa de la crisis y de las demás monsergas repetidas. A no ser que todos nos unamos (y aún así será complicado), el Felipe Trigo será otra víctima más de la voracidad privatizadora (porque los centros concertados, por supuesto, no se cierran ni se fusionan).

Yo estoy en expectativa y aunque llevo cinco años en este centro, acabaré en otra parte, por lo que no me afecta tanto la noticia como a otros compañeros que llevan décadas allí salvo por el hecho de la pérdida de otro recurso de todos y para todos. Lo grave es que tal y como vamos, esto mismo volverá a pasar en otra parte y acabaremos siendo una profesión trashumante cuando no en peligro de extinción. Hay que pensar que si el mecanismo imparable de destrucción de centros públicos sigue este curso, la cantidad de profesores que sobran es difícil de imaginar. ¿Para qué tanto docente si podemos juntar más alumnos por clase? Y además, ya lo dice la LOMCE: los institutos tienen que especializarse. Leía en Valles y Cumbres que habrá que ver por dónde va la Marea Verde el miércoles y viendo el panorama, la respuesta debería ser contundente. Porque la ruta iniciada solo lleva a un final: no habrá más IES a los que poder desplazarse...

domingo, noviembre 11, 2012

No ir a la huelga es como no ir a votar


Se le puede llamar acto de irresponsabilidad, de cobardía, de sumisión. Se le puede llamar de muchas maneras, pero aquel trabajador que agacha la cabeza o mira hacia otra parte, aquel trabajador que lleva al hombro una escopeta cargada de excusas (con una huelga no se consigue nada, es darle dinero en balde a la administración, los sindicatos son unos vendidos...), está cometiendo un error de tanta consideración como no ir a votar en día de elecciones porque está cansado de que todos los partidos políticos sean el mismo cero a la izquierda y está convencido de que es lo mismo un partido de derechas (PP, CIU) que uno de izquierdas, o que si votaba al PSOE y este se desmorona por méritos propios, no cabe ninguna otra posibilidad, como si no existiesen otros partidos (IU, UPyD) u otras alternativas (partidos minoritarios).

El caso se agrava si eres funcionario y no pende la espada del despido sobre tu cabeza (cosa denunciable, por otra parte, pero  bueno, aquí vale todo y no pasa nada): has visto empeorar tus condiciones vertiginosamente y el futuro próximo (ver Grecia o Portugal) es formar parte de la lista de los casi seis millones de españoles. Si no haces huelga el 14N estás aceptando que te quiten la paga extra de Navidad, que te hurten días festivos, que te quiten o congelen sueldo, que te llamen vago, que te culpen de los males de este país.

No digo nada si formas parte del cuerpo de la Sanidad y ves que la privatización se incompatibiliza con el estado de bienestar y con el agravante de que cuando argumentan por qué es beneficioso vienen con la milonga de que es para ahorrar y con que no hay otro remedio (dejan la frase a la mitad: no hay otro remedio para poder enriquecerse, que 400 millones de euros son muchos millones). Si no haces huelga el 14N te parece estupendo que cedan los hospitales públicos a las empresas privadas del marido de la Cospedal y de Rodrigo Rato, o que no se atienda a los sin papeles o que te claven un eurito por receta. Lo dice muy clarito, como siempre, Elvira Lindo en Privatizando.

Y qué decir si eres profesor y llevas más de un año con ataques continuos a la Educación Pública y ves en el horizonte su próxima desaparición (vía LOMCE). Repetir los motivos que deberían llevarte a la huelga el 14N es casi sonrojante, pero tú sabrás si defiendes tu profesión y unas condiciones mínimas digas para ejercerla o si pilateas y aceptas su ejecución. Tú sabrás, si tienes hijos, si te parecen justas y aceptables las abusivas tasas, el progresivo empeoramiento de las universidades y de los centros educativos. Por si acaso, un motivo más, la penúltima ocurrencia: en Baleares transmitir tu opinión personal estará penado con el despido, que para eso nuestros gobernantes secuestran los medios de comunicación en su favor (Madrid sigue los pasos de Artur Mas y se gasta 56,3 millones en 'apoyar' a la prensa). La entrada de Toni, Hacia un mundo rentable (Re(paso) de lengua) explica la trampa de pensar en términos de rentabilidad, lo cual deriva en un proceso privatizador que está a punto de devorar el sistema educativo español y debería estar en todos los corchos de todos las salas de profesores de todos los institutos y colegios.

Pero ojo, que la huelga también afecta a los estudiantes. Tasas, un horizonte próximo con una ley educativa segregadora y mercantilista, un porcentaje inconcebible de paro juvenil, una universidad que será inaccesible o una carga semejante a una hipoteca (el inefable Wert, a quien estaremos apoyando, a quien refrendaremos si no vamos a la huelga el 14N, propone un plan de préstamos a universitarios maravilloso). Si vas a clase o si no vas simplemente para pelarte unas cuantas asignaturas, estarás dando vía libre a que lo que era el derecho de la educación se convierta en un privilegio.

Estamos inmersos en un estado descompuesto y son ingentes los casos que nos deberían arrastrar a perseguir un cambio: mueren cuatro chicas a la salidad de un macroconcierto, pero nadie ha tenido la culpa y la alcaldesa -a la que encima no votamos- se permite el lujo de irse a un SPA en Portugal a pesar de todo en vez de dimitir o ir a la cárcel; nuestra casta política indigna e inútil se preocupa de sus propios intereses en vez de defender los de la mayoría (Patxi López se blinda una jubilación de 50.000 euros vitalicios, Elena Valenciano se arrastra penosamente por conseguir un puñado de votos, el Senado se cubre de gloria entre contratos de móviles y llamaditas al 902); el  chanchulleo (o choriceo) de los asesores puestos a dedo sangra porque a los enchufados no les llega el momento de apretarse el cinturón (empezando por los de Rajoy) y encima demuestran su ineptitud y falta de preparación hasta límites denunciables, como la asesora de Aguirre, que formaba parte del Comité de Auditoría de Bankia sin saber de contabilidad); la crisis no va con los grandes empresarios (por ejemplo, los jefes de 'El País' se repartieron 1.039.000 € justo antes de que el diario entrase en pérdidas) ni con las grandes fortunas (Calatrava traslada a Suiza su sociedad patrimonial con casi 40 millones de euros en activos): al contrario, hacia ellos, como al de Eurovegas, hay otro tipo de consideraciones como cambiar leyes a su favor; hay personas que pierden la vida por culpa de desahucios injustos (como la de Barakaldo), mientras que PPPSOE han manejado y vetado alternativas durante la crisis, y es que "la ley está para cumplirla", ¿verdad, Ana-deja-la...?; en fin, que otra política es posible para impedir que los más indefensos sufran las consecuencias de la incompetencia de nuestros dirigentes (Cospedal reduce un 42% la partida de comidas en residencias de mayores y discapacitados) e incluso para salir de la crisis: Madrid recaudaría 3.000 millones recuperando los impuestos a los ‘ricos’ frente a los 83 del euro por receta. Y eso hay que defenderlo ejerciendo nuestro derecho a la huelga el 14N, gritando bien fuerte que yo no quiero formar parte de este sistema.

Si pensamos que ejercer nuestro derecho a huelga o nuestro derecho al voto es un paripé que no sirve para nada, olvidemos esa palabra que al menos hace no tanto les gustaba repetir a nuestros dirigentes, eso tan vacuo de la democracia (totalmente de acuerdo con los planteamientos de Agustín Moreno en Qué guerra hemos perdido). Encojámonos de hombros y permitamos una nueva dictadura, que no tuvimos suficiente con Franco. Sigamos permitiendo que la injusticia sea el sustantivo más apropiado para explicar nuestra realidad. Sigamos dejando que imágenes como las de El Roto hablen más que mil palabras:


domingo, octubre 21, 2012

La estupidez de Wert no aumenta, se flexibiliza

El Ministro de Educación, José Ignacio Wert, cargó contra los padres que se sumaron a una huelga "radical". Y es que estamos exagerando la realidad de los recortes, vaya. Por eso nuestro ilustre mandatario remató con otra antológica perla: pasar en primaria de 27 niños por aula a 30, y de 30 a 36 en secundaria obligatoria no es subir la cifra de alumnos por clase, sino "flexibilizarla en un 20%". Además, según él, "Los estudios de la OCDE dicen que se pierde eficacia solo a partir de grupos de más de 45 o 50 alumnos" (lo que no ha aclarado es si esa OCDE es la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos o la Organización Capaz Deinventarse Estupideces).

En esa misma entrevista dijo que "no es cierto que se hayan disminuido las becas", a pesar de que el presupuesto destinado a becas ha descendido en 185 millones. En fin, que es indudable que la estupidez de Wert no aumenta, se flexibiliza, pero en porcentaje superior al 20%. Y eso que muchos se empeñan en recordar que este tío es brillante. Será de estos casos de estupidez destinada a aquellos que se creen dotados de una inteligencia superior, la estupidez más peligrosa de todas, como se está empeñando en constatar este sujeto.

Lo malo es que la sociedad está flexibilizando demasiado la tolerancia a un sistema social totalmente injusto que nos lleva de cabeza a la desigualdad social. Ya no se trata de defender algo por lo que se ha luchado durante décadas, una Educación de todos y para todos, sino que vamos más allá. Parece que no preocupa que los ricos sean cada vez más ricos, que eso no sea un problema y que se justifique con la pasividad el establecimiento de esta injusta sociedad en la que el que tenga la suerte de caer del lado del pudiente podrá vivir magníficamente y el que no la tenga se tendrá que resignar a mantener esta situación y conformarse con el bodrio que volverá a repartirse en la puerta trasera de catedrales y conventos (Manuel Vicent magníficamente dixit).

Mi estupidez también debe de estar flexibilizándose porque no entiendo cómo una minoría de la humanidad puede imponer semejantes desatinos mientras que la mayoría se deja, movidos por la indiferencia y la resignación. En países como el nuestro, democráticos en teoría, donde podemos ejercer un veto (aunque muy reducido gracias a la alergia a los referéndums) a los partidos que nos someten a medidas que  cargan contra las clases medias y bajas y permiten que los poderosos puedan escaquearse de pagar impuestos y que fomentan el enchufismo más despreciable, les seguimos votando en masa.

Y es que en el fondo no nos damos cuenta de la magnitud del desastre. Seguimos pensando que esta crisis pasará, que estos recortes aflojarán, que ni nos va ni nos viene lo que decidan arriba, que hacer huelgas o acudir a manifestaciones es un engorro innecesario que no va a cambiar nada, que la cosa no está tan fea. Hay una mayoría impermeable a recibir información que no sea la que les proporciona el Hola, el As, el Marca, la tertulia verdulera del programa de corazón de turno. El viernes, volviendo en autobús del instituto, escuchaba hablar a tres estudiantes universitarios. Durante el trayecto de media hora ni mencionaron una sola vez algo sobre estos tres días de movilizaciones. Qué va. Hablaban del pedo que se iban a pillar, del botellón al que iban a acudir, de las fotos que iban a subir al Tuenti, de que el Atleti era un sentimiento, de Gandía Shore. De las cosas realmente importantes, vaya.

domingo, octubre 14, 2012

La indecencia de la docencia

Este hueco saldrá muy rentable si es por enfermedad
Es indecente ser docente, le falta decir a nuestro ministro Voy-a-españolizarte-Wert. Es indecente, por ejemplo, que nos pongamos malos y sigamos cobrando. Al parecer, a partir de mañana, día 15 de octubre, las bajas de 1 a 3 días supondrán un descuento del 50% de la nómina. Más de 3 días, 25% más. Si tienes la fatalidad de enfermar de gravedad y superas los 90 días de baja, te reducen la nómina al sueldo base. Es decir, que para luchar contra el absentismo laboral, en vez de recurrir a los mecanismos que deberían regular el fraude entre aquellos que injustificadamenet faltan, a través del servicio de inspección (que por lo visto está más pendiente de revisar los horarios de los profesores para que cumplan las 30 horas), tiran por el camino de las sanciones. Argumentarán que persiguen acabar con el absentismo, pero queda claro que el espíritu de la medida es recaudatorio, económico e injusto. Una vez más.

Con esta medida se fomenta el ir al centro de trabajo como sea. El caso es estar en tu puesto tus 30 horas lectivas. Da igual cómo, el caso es estar. ¿Que es con gotero, o tiritando, o con alucinaciones por la fiebre, o con la palangana a mano para evacuar con celeridad? Pues que sea, pero qué es ese privilegio indecente de enfermar, por favor.

También es indecente tratar de educar, por eso quieren quitar las asignaturas que hagan pensar (ética, educación para la ciudadanía, cultura clásica) y fomentan las que consiguen adoctrinar (de ahí no mueve nadie a la religión). Y más indecente aún es exigir una educación gratuita, que le sale carísimo al Estado, con lo rentables que son los concertados (lo malo es cuando eso lo dicen las familias, como si a ellos les saliese más barato dicho concertado). 

El caso es que año tras año el presupuesto en educación baja (con el agravante de que nos quieren vender que se ha invertido demasiado dinero para resultados muy pobres y que no hay correlación entre el fracaso y la merma presupuestaria), situándonos a la cola del mundo desarrollado. La ciudadanía no le pone freno ni pone el grito en el cielo, quizá, entre otros motivos, porque la prensa no hace demasiado hincapié en todo lo que se está perdiendo (muy interesante, por cierto, este artículo en La Vanguardia sobre el coeficiente de Gini, un dato mucho más aterrador que la prima de riesgo, pues "mide el nivel de desigualdad en la sociedad" y en España ha subido 2,7 puntos en cinco años, cuando este indicador se mueve en centésimas durante décadas). Pasa lo mismo con el informe PISA. En una entrada de Soy Pública se dice que "los profesores españoles son los que más horas de formación realizan de forma voluntaria y los que más y mejor absorben las diferencias sociales de la zona en la que se inserta en centro educativo". Pero se ve que tampoco interesa difundirlo.

Eso sí, por fin, parece que los padres se ponen las pilas. Imagino que la acumulación de despropósitos (subidas inasumibles de tasas; despido de profesorado cuando incrementa el número de alumnos; eliminación de becas para colar sistemas de préstamos indecentes que no dan ni para diez familias necesitadas, a orden de tres libros por niño; desgravaciones fiscales si estás en cole privado o concertado; sustituciones regateadas como en un mercado persa; clases donde, después de más de un mes del inicio de curso, aún faltan profesores por colocar, gracias a esa maravillosa gestión de recursos que implica contratar a gente con un tercio de jornada, compartir centro entre distintas localidades o tener a funcionarios con plaza sin colocar) ha propiciado la movilización de la CEAPA.

También el Sindicato de Estudiantes propone tres jornadas de huelga, pero me temo que la mayor parte de nuestros alumnos se tomarán estos días para quedarse en casa en vez de reivindicar sus derechos. Incluido los estudiantes universitarios. Pero no perdamos las esperanzas. Y esperemos que esto sea el inicio de las movilizaciones que nos devuelvan el orgullo de defender una Educación Pública.

Ese orgullo que no comparten algunos compañeros nuestros que encima de haberse cruzado de brazos y haber mirado hacia otro sitio, que encima de no haber secundado las huelgas ni haber participado en las manifestaciones, echan la culpa del incremento de horas laborales (y de todos los males que les consumen) a la Marea Verde, como si hubiera sido eso el desencadenante del endurecimiento de la Administración hacia nosotros. Ese sector de docentes sí que es indecente. Y no se merece estar en el aula, enseñando (qué) a nuestos alumnos.

sábado, octubre 06, 2012

Callejón sin salida

Tres semanas de curso son suficiente como para comprobar los efectos de los recortes. Aunque pueda sonar herético que los profesores nos quejemos de nuestros horarios, lo cierto es que el incremento a 30 horas de permanencia ha vuelto a suponer una carga más que se añade a la subida del curso pasado de las 18 horas a las 20. Los huecos que antes posibilitaban preparar alguna clase, efectuar alguna corrección, descansar después de dos o tres periodos lectivos, ya no existen. Dar cinco clases seguidas es posible, como también sumar dos guardias y tener hasta siete periodos juntos en una sola mañana. En vez de tres semanas desde el inicio parece que llevemos dos meses. Entras y sales de la sala de profesores y vas a una clase, a otra, a una guardia, a otra, sin apenas respiro. Por las tardes, piensas en que con una hora y diez minutos para alcanzar la cifra mágica de las 37,5 horas laborales establecidas para los funcionarios no hay ni para empezar y sobrepasarlas es caer en una trampa en la que la vocación y nuestra profesionalidad nos depara una notable paradoja.

Porque la vida de un profesor es muy fácil. Esa frase te la puede comentar algún compañero, de esos a los que nunca ves con un libro en la mano ni preparando ninguna clase, de esos que cuando salen del instituto terminan su jornada laboral, de esos que dan mala fama al gremio porque se jactan de lo bien que viven y de lo poco que trabajan. Y, como piensan que todos son como él (o ella), decide que sus hijos irán a un colegio concertado o privado, no vaya a ser que se encuentren a alguien como ellos. ¿Hay alguna diferencia entre el profesor que cumple con su trabajo y el que se escaquea o imparte la misma clase que hace veinte años o improvisa sobre la marcha? Ninguna. ¿Eso va a cambiar con la nueva ley, esa cachonda ley que tiene entre sus siglas la 'C' de 'Calidad'? Dejemos la pregunta como retórica y no hablemos del servicio de inspección...

Cada año vemos cómo nuestras condiciones laborales van empeorando, a casi el mismo ritmo que nuestra nómina y que las condiciones de la Educación Pública. Hemos iniciado, no obstante, una empecinada marcha hacia adelante, como si fingir que no pasa nada y como si aguantar hasta que escampe nos traerá alguna solución. 

Esto no ha hecho más que empezar, y cuando se ponga en vigor la nueva ley, veremos más (y peores) consecuencias. No solo es que se eliminen asignaturas (como muy acertadamente reflexiona Fernando o Eduideas) o que se empecinen en segregar (véase en Valles y Cumbres) y encima convenciéndonos de que si mi nene no está al lado del magrebí de turno será mucho mejor, como mejor es la escuela con bilingüismo, como mejor es el Bachillerato de la excelencia. 

¿Qué hacer? ¿Seguir ignorando a ese 70% (tirando por lo bajo) de profesorado que ni secunda huelgas ni acude a manifestaciones y chuparte las tropecientas movilizaciones semanales con el escudo infatigable delante de los ojos? ¿Seguir quemándote viendo cómo el paisaje de camisetas verdes escasea cada vez más? ¿Seguir impugnando horarios ilegales para que en diciembre cambien las leyes y te dejen con el culo al aire y la expresión de estupidez en el rostro?

Se trata de participar o no en una respuesta frente a todas estas agresiones, en extender un modelo de sociedad injusta, clasista e insolidaria o ponerle freno. Sucumbir al fatalismo o aferrarse al clavo ardiendo de la utopía en la que un ejemplo positivo redundará en una reacción por parte de los demás profesores que están sufriendo los mismos retrocesos. Se trata de buscar salidas en un callejón que no tiene escapatorias.

Es difícil no sucumbir al desánimo de ver lo que te rodea. Buena prueba somos el colectivo del profesorado, un sector en teoría preparado, formado y cultivado que no ejerce su labor crítica ni salvaguarda algo que debería ser intocable. Si los profesores, con una carrera a sus espaldas, con el presupuesto de la cultura sobre sus hombros, no suponen ninguna diferencia con el acrítico y pasota ciudadano que pese a lo que está viendo sigue votando al PP (en Galicia sorprendentemente parece que van rumbo a la mayoría absoluta) o con el pasivo e indiferente estudiante de universidad que ha tenido que pagar casi el doble de lo que pagaba y se encoge de hombros y se enchufa sus cascos a los tímpanos, entonces la sociedad está preparada a cualquier rescate externo, a cualquier recorte reprobable, a cualquier medida opresora que justifique cargas policiales y declaraciones inadmisibles de un político, a cualquier corruptela diaria, a cualquier ley retrógrada, a cualquier populismo barato, a cualquier retórica contumaz y hueca. A cualquier locura.

sábado, septiembre 22, 2012

Con la que está cayendo

Me declaro oficialmente en rebeldía contra esa expresión. Me enerva hasta límites indecibles escuchar la frasecita. Es oír eso y ya tachar a mi interlocutor o al personaje (casi siempre político, curiosamente) que lo ha pronunciado en los medios de non grato. 

¿Qué es lo que está cayendo, aparte del estado del bienestar que casi ninguno defendemos? Vamos a ser claros, tenemos un país al borde del subdesarrollo, si es que no lo estamos ya. No hemos conseguido defender lo realmente importante y pasamos olímpicamente de las decisiones políticas que nos gobiernan. Estoy convencido de que un porcentaje amplio de la sociedad a lo sumo conoce a nuestro presidente y ni les sonará los inefables nombres de Cospedal, Montoro, Guindos, Rubalcaba o Wert. La gente lo que conoce es que Belén Esteban anuncia bingos, que Cristiano Ronaldo está triste, que se acaban de estrenar programas que ahondan en la verdadera cultura que interesa por aquí, como La voz o como Quién quiere casarse con mi hijo. Eso es lo que verdaderamente importa, no los continuos recortes, el copago de los medicamentos, la reforma laboral que aún sigue desmantelando empleos o la subida del IVA o el segundo rescate que se está ultimando. Nuestra pasividad justifica tantos desmanes.

Nos quejamos de los políticos y de su ignorancia supina acerca de la situación real del país, pero hay un porcentaje muy elevado de la población que sí, se queja de lo mal que está todo, de que hay que ahorrar 'con la que está cayendo', pero si te he visto no me acuerdo. No ayuda el sistema "democrático" que tenemos, que nos cita cada cuatro años y sin mucho margen, con listas cerradas y programas electorales que se van a pasar por el forro. Eso sí, tengo mis serias dudas de si nos consultasen a menudo en referéndums aumentaría la implicación. Solo lo que nos atañe directamente (lo que nos salpica), nos molesta. Nos movemos entre el egoísmo, el pasotismo y la resignación.

Un ejemplo clarísimo es el circo en torno a Esperanza Aguirre, recién dimitida, a quienes muchos votarían como Presidenta del Gobierno sin dudarlo. Con la cortina de humo de su salud, se libra de un juicio demoledor contra su gestión, como si eso la exculpase. Da igual, que si 30 años en primera línea, que si da muchos titulares, que si es la única que dice las cosas como son, bla bla. Que no, que esta mujer llegó vía Tamayazo, ha creado un canal de televisión a su medida saltándose cualquier valor democrático, se está cargando la Sanidad y la Educación Públicas, fomenta el enchufismo (véase su súbdita Lucía Figar, el llanto impropio de una Consejera de Educación que no puede sino significar que sin el paraguas de su valedora su existencia política no tiene sentido)... Hago mías las palabras de Carlos Fonseca en su columna de El Confidencial:

"Es lo que ha ocurrido esta semana con el cese de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid, que hasta el PSOE ha alabado su capacidad política pese a las diferencias ideológicas.

Simple corporativismo de una clase política endogámica. Esperanza Aguirre es una política prepotente, soberbia y maleducada que ha despreciado por norma a aquellos que no piensan como ella y discrepan de sus decisiones. Su cese no puede ocultar tantos y tantos insultos, la manipulación informativa de Telemadrid y su política liberal, en el peor sentido de la palabra, que aspira convertir al Estado en algo residual y traspasar sus servicios públicos a la iniciativa privada según el axioma falso de que todo lo privado funciona mejor que lo público. Su marcha es la mejor noticia para Madrid en mucho tiempo".

 Otro ejemplo es la huelga indefinida defendida a capa y espada por la llamada Red Verde, recientemente desconvocada que CGT amparaba y que ha contado con el seguimiento del 4% del profesorado (tirando por lo alto, supongo). Estaba abocada al fracaso, pero ellos insistieron. Y si han fracasado, no será, por supuesto, por su culpa, ellos hicieron lo que pudieron, son, de hecho, los únicos garantes de la Escuela Pública, los únicos cualificados, los únicos y auténticos luchadores, la única voz cualificada en todo este tinglado. Porque la culpa la tiene "el activo boicot por parte de la administración, de la mayoría de los medios de comunicación y de algunas organizaciones sindicales". Los radicalismos a veces solo consiguen ser fuente de irrisión, hay que ser un poquito serios.

Partiendo del hecho de que quizá faltan medidas más contundentes, liarse la manta a la cabeza y no reflexionar sobre el apoyo que vas a encontrar, sino justificarte en que es lo más justo y necesario (lo más justo y necesario desde tu exclusivo punto de vista), no es la solución. Puede que dentro de unos años (no muchos) nos lamentemos de no haber secundado medidas más contundentes, pero la unión es imprescindible y eso falta, esa realidad no puede cambiarse por arte de magia. 

¿Quién tiene la culpa del fatalismo que lastra cualquier movilización de la Marea Verde? Los sindicatos, afirman una gran parte del profesorado, que no ejerce la autocrítica y se aparta el dedo acusador dirigiéndolo hacia un blanco fácilmente atizable. No importa que sean los únicos que no cejan con las actividades y las respuestas legales. Bastante hacen con un sector (el educativo) que mira hacia cualquier lado, que solo responde (y de forma parcial, disminuida) ante agresiones directas. 

Medidas que toquen el bolsillo fracasan. Medidas que nos arrastren a la calle, que no afectan a nuestra economía, no obstante, también fracasan. En las marchas del 15, las camisetas verdes no eran las mismas que en septiembre del curso pasado. Nos deberíamos llamar la "Mareílla Verde", o los "Verdes mareados". Los que secundamos todas las huelgas del año pasado vemos que sirvieron para bien poco, que un porcentaje muy superior al 50% de nuestros compañeros pasaron y miraron hacia otro lado. Y este año hay que aprender la lección. Nos repartiremos la culpa y el trabajo, en no se sabe qué condiciones, nos lo repartiremos también. No es la solución, está claro, pero también ha llegado el momento de que no carguemos con toda la responsabilidad. Vamos a seguir la senda del egoísmo:

De momento, la Escuela Pública existe. Maltrecha y vapuleada, pero existe. Por tanto, nuestros trabajos también (de momento). Los que tienen que iniciar ahora la revolución, las protestas, las manifestaciones, no somos los profesores, entre otras cosas porque unos pocos no vamos a cargar con la responsabilidad de los demás. Tienen que ser las familias, la sociedad, las que se movilicen. ¿Quiénes se ven afectados por la subida del IVA en el material educativo, quiénes ven cómo las tasas han subido, las becas casi han desaparecido, se les cobra hasta por llevar un triste tupper al comedor (ahorrándose la impresionante cantidad de un euro), las listas de espera en ciclos son ingentes, acudir a la universidad empieza a ser prohibitivo y, en general, se obliga a las familias sin recursos a llevar a sus hijos al gueto de la pública porque no pueden permitirse ni acceder al concertado de turno en el que pueden desgravar al menos sus uniformes? ¿Y los alumnos? ¿Dónde están los estudiantes?, como preguntaban acertadamente en Valles y Cumbres. Siguen adormecidos y complacientes, encantados de ver berrear a Bisbal, ver discutir a las Mujeres y hombres y viceversa, esperando la Décima, deseando ser concursantes en Gandía Shore. Sentaditos en su sofá, con sus papás y sus mamás, cambiando de canal si aparece el barbas con expresión de lunático, escudado en la bajita con voz de mala leche que nos informará de las nuevas medidas que tienen que hacerse.

Entre las asignaturas fundamentales deberían incluir la Oratoria...
Esta cita del Presidente Islas Baleares, José Ramón Bauza (PP, claro, minuto 5 del reportaje de la Sexta columna '863 días recortando', lo tendréis que escuchar porque no os creeréis lo que estáis leyendo) es para mí el indicativo de la educación de este país (y no los pobres resultados en el informe PISA o la alta tasa de abandono escolar): 
"Os quiero decir que podéis confiar. Que podéis confiar en nosotros. Que sabemos qué es lo que hay que hacer y lo vamos a hacer, y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer los que hemos dicho que íbamos a hacer"

viernes, septiembre 14, 2012

1ª parada del tenebroso curso 2012-2013: marchas del 15S

Figuración aproximada del panorama de la Educación Pública
Podría intentar explicar a gente que no pertenece a la comunidad educativa lo que realmente significa un inicio de curso ejemplificándolo en la elaboración del horario de un profesor, la de horas de esfuerzo del equipo directivo que suponen, lo difícil que es casar tantas variables y supuestos en aproximadamente una semana y con directrices de la Consejería de Educación tardías e improvisadas, pero si ni muchos compañeros lo tienen en cuenta y no se muestran razonables, sería tiempo perdido. Funcionamos a base de parches para cicatrizar gangrenas (y de vendas para taparnos los ojos), pero por lo único que peleamos es por salir a la una en vez de a las dos.

Lo que importa a día de hoy es un dato incuestionable: en nuestro centro faltan por llegar 12 profesores. El director se conformaba con que el lunes se hubieran presentado al menos 6 de ellos. 6 clases, en el mejor de los casos, que quedarán vacías los primeros días del curso. Otra consecuencia más de la política educativa actual en la que la pretendida "mejora de la calidad de la enseñanza" se alcanza a través de recortes presupuestarios, recortes que significan, entre otras cosas, la reducción de grupos, la ampliación de cupos, el despido de profesores  y todo tipo de obstáculos que en realidad encubren lo poco que interesa realizar una labor mejor planificada. Lo estamos viendo: la demolición del estado de bienestar no se vale de detonaciones masivas, sino de golpes de maza menos visibles.

Los profesores vemos cómo nuestras condiciones laborales empeoran a pasos agigantados cada curso y aún falta por llegar la LOMCE (que habla, por ejemplo, de manera abierta de "traslados forzosos de docentes"). Dar asignaturas de las que no somos especialistas se ha generalizado, muchos profesores en expectativa siguen sin destino y se verán abocados a compartir centros y asignaturas o realizar sustituciones; han conseguido borrar del mapa a los interinos y nos empiezan a colar a nativos anglosajones que no han pasado ningún sistema selectivo porque quieren implantar para la educación el único sistema que los políticos conocen, el dedismo. El panorama es negro, la convocatoria de la huelga indefinida no es una respuesta realista y aunque nos disguste el funcionamiento de los sindicatos mayoritarios, lo cierto es que el pasotismo y la resignación mayoritarias no dejan otra alternativa que seguir sus cauces porque peor aún es cruzarse de brazos.

(No es plan de ponerme pesado, pero es un error ortográfico no abrir con signo de exclamación...)

El primer paso para salir del pesimismo se da mañana partiendo de la Consejería de Educación. Tengo ganas de volver a ver las camisetas verdes y deberíamos estar el mayor número de profesores en la calle protestando por todo esto. Pero no solo me gustaría ver Alcalá plagada de profesores, sino también a las familias y a nuestros alumnos, que son en realidad quienes pagan todos estos despropósitos contra la Escuela Pública.

lunes, septiembre 10, 2012

Marchando un tercio de profesor

Mientras Esperanza Aguirre esquivaba el tupper de la madre indignada, en el instituto seguíamos esperando la llegada del profesor que nos faltaba. 

Esto que podría ser casi un microrrelato sería incorrecto, ya que no esperamos un profesor exactamente... Antes de resolver el acertijo, repasemos un poco:

Vemos a docentes traídos a dedo de Escocia o de Irlanda por cumplir el imprescindible requisito de saber inglés y oímos a un ex presidente diciendo que el estado del bienestar es inaceptable. Pase lo que pase, se abran los centros bilingües que hagan falta, siempre nos quedará, por suerte (para los que podrán repartirse el pastel, claro), Eurovegas.

La incertidumbre sobre casi todo en la Pública se extiende casi hasta el primer día de clase. Se retrasan al máximo los destinos definitivos, muchos compañeros (incluso funcionarios en expectativa) siguen sin conocer dónde darán clase (y con qué tipo de vacante, dando quién sabe qué materia "afín"). 

Lo que sí se sabe, al menos en nuestro instituto, es que tendrá que venir un profesor a nuestro departamento que cumpla el siguiente requisito:

Ser un tercio. No de cerveza. No el militar de los Austria para que luche con denuedo contra el fracaso escolar. Sino que venga con un tercio de jornada. Estamos hablando de un profesor que vendrá a dar 7 horas de clase y que recibirá el tercio de sueldo. Ese es el tipo de plazas que están ofertando. Esta es otra consecuencia de los recortes. Esta es la calidad de la enseñanza que encima tienen el rostro de pregonar.

martes, septiembre 04, 2012

Dialéctica esquizofrénica para empezar


Fin de la tranquilidad. Se acabaron las vacaciones, julio y agosto vuelan. Vuelta al tajo, a los madrugones, a las prisas, a las exigencias, vuelta a empezar. Tampoco es para tanto, y menos después de tres meses de tocaros las narices, ya está bien de tantos privilegios, hay trabajadores que llevamos más de un mes currando y no lloramos tanto. 

Después de los exámenes de septiembre, a empezar un nuevo curso, cada vez antes, cada vez en peores condiciones. No hay nada resuelto, salvo las mismas incertidumbres: menos profesores, más interinos (y gente con plaza) sin trabajo, más horas de clase, menos sueldo, más alumnos por clase... En mis tiempos éramos 40 en clase y no pasaba nada, mira dónde estoy. Además los interinos son gente que no se ha sacado una oposición y sobra. Y seguís trabajando menos que la mayoría de la gente, vergüenza debería daros, que tenéis trabajo para toda la vida.

En vez de aguardar con ilusión el nuevo curso, las circunstancias conspiran para que un trabajo necesario y fundamental sea una carga, una tristeza. El sino de la escuela pública cada vez se ve con más pesimismo, como ocurre en casi todos los órdenes de la sociedad. Estamos gobernados por personajes que desprecian la democracia (solo hay que ver a Esperanza Aguirre cargando contra los periodistas de su cuerda porque les había dicho que no acudieran al incendio, si eso no es propio de una dictadura, que me digan lo que es) y que incurren casi a diario en incompetencias y corrupciones, pero no pasa nada, se ve como normal que nadie dimita ni se le exijan responsabilidades. Vemos que se aprovechan las circunstancias para aplicar medidas neoliberales que llevan toda la vida tratando de promover y seguimos pasivos, cruzados de brazos. Estos rojos, siempre metiendo cizaña, en estos tiempos tan duros que necesitan de que todos arrimemos el hombro y que comprendamos las duras y necesarias medidas que el gobierno anterior ha obligado a imponer. Qué poco patriotas estos maestrillos a los que les han tocado sus derechos y por eso están rabiosos. Más horas deberían trabajar, que lo suyo no es nada, no como el obrero que levanta un edificio o el agricultor que trabaja de sol a sol las tierras, y a Esperanza Aguirre no la toques, que es de las pocas en política que dicen las cosas como son.

Observamos con estupor cómo el peor ministro de la historia (la última suya ha sido la de decir esto: "técnicamente nadie puede decir si un cuaderno lo va a usar un niño de sexto de Primaria o un arquitecto"; técnicamente, no se puede decir si este tío es tonto o se lo hace) defiende las subvenciones a colegios que segregan porque se pasan por el forro las sentencias desfavorables. O que se instaurarán clases sociales en los coles: los que tengan para pagarse el comedor y los que sólo puedan pagar la "tasa tupper" (por cierto, desde aquí le aconsejo a Aguirre que los profesores no solo cuidemos el comedor, sino que le hagamos la comida a los niños, y así aprovecharíamos más; ¡ah!, otro motivo de dimisión de la incompetente de la Figar podría ser el de no conocer las condiciones laborales de las empresas que contratan).  ¿Y los socialistas, qué? De ellos no os quejáis. Mirad cómo no decís nada de Andalucía y los ERE, la de millones que han robado, lo que pasa es que eso no os interesa decirlo, siempre arrimáis el ascua a donde os interesa.

Y Sandra Moneo, diputada y secretaria de Educación del Partido Popular, se permite el lujo de escribir en El País que hay que evolucionar en el sector educativo para mejorar su calidad. ¿Cómo?: 
"refuerzo de materias instrumentales, evaluación del sistema, flexibilidad del mismo, impulso de la Formación Profesional. Sin olvidar el elemento fundamental para la mejora de cualquier sistema educativo: el profesorado" (¿qué profesorado, el que están echando con tanto recorte?). 
Venden la moto, por ejemplo, con lo de que hay que evaluar externamente para ayudar a los alumnos con más dificultades, pero seguro que estos alumnos no acaban en los centros concertados de su cuerda, a pesar de las subvenciones recibidas. Hablan de que haya más posibilidades para los alumnos, pero quieren eliminar la vía del PCPI. Y me río del párrafo que defiende a los profesores. Desde luego, esa defensa de alguien que pertece al partido que nos ha empeorado las condiciones a una velocidad de vértigo, es cuanto menos paradójica. Hace falta mano dura, la LOGSE permite que los alumnos pasen de curso sin aprobar, no exige a los alumnos, que cada vez están peor preparados y por eso el fracaso escolar es tan elevado. Lo que pasa es que con las evaluaciones se verá que muchos profesores no hacen nada y no quieren que salga a la luz los pobres resultados. Se os va a acabar el chollo.

En fin, que las cosas van a peor y sin embargo parece que no pasa nada. Sin llegar al extremo de aquellos que piden una huelga indefinida que no se va a secundar y que la mayor parte de la sociedad verá como un insulto, puesto que nuestro sector no es el único que sufre despropósitos, hay que tratar de desembarazarse del pesimismo y de la resignación, y promover una lucha, una rebeldía que habría que extender entre la mayor parte de nuestros compañeros, pero también a nuestros alumnos y a sus padres, los que van a sufrir, en definitiva, las tasas desorbitadas, los que van a ver que hay itinerarios para distintas clases, los que no van a disfrutar de los recursos necesarios, los que tienen que evitar un destino que lleva al matadero. Estáis promoviendo ideas peligrosas y nocivas, fomentando un caldo de cultivo de nerviosismo que no necesitamos. En vez de influir para mal y de lavar cerebros y de adoctrinar, dar clase, que para eso os pagan. Si en vez de huelgas dais clase, otro gallo cantaría. Y la Escuela Pública entonces no tendría tantos problemas. A obedecer y a callar.

martes, julio 31, 2012

Y en el mes de septiembre, ¿qué?

A punto de entrar en el mes de las vacaciones por excelencia, conviene no desconectar del todo e ir pensando en la vuelta. ¿Qué hacer en septiembre? ¿No comenzar el curso, mantener la estrategia del curso pasado, llena de huelgas puntuales y manifestaciones, concentraciones y similares día sí y día casi también? ¿O nos sumamos a la convocatoria de huelga indefinida que sostiene el sindicato CGT y que cuenta con el apoyo de la Plataforma de Interinos y Soy Pública, entre otros? 

Sin duda, motivos para una movilización importante, hay de sobra. Los recortes vergonzantes en Educación, que suponen despidos masivos de profesores (sobre todo de interinos) y una merma en la calidad educativa (por mucho que digan), van parejos a la progresiva y ascendente financiación de la escuela concertada, como pasa ahora en Extremadura y llevamos tiempo denunciando en Madrid, donde ir a un centro privado o concertado desgrava. Por no hablar de la subida de tasas universitarias, en escuelas infantiles y ciclos superiores de Formación Profesional y la eliminación de las becas. Vamos de camino a la escuela de los años cincuenta, con aulas masificadas, con el rezo del rosario al empezar el día, con la comida traída de casa (vía tupper) y con alumnos pertenecientes a las clases altas que podrán costearse una posición privilegiada para pasar las reválidas, mientras que la inmensa mayoría de la población irá quedando relegada del sistema educativo. Los alumnos con necesidades especiales se pueden ir preparando. Por ejemplo, los niños autistas.

Nos bajan el sueldo y nos suben las horas. Ningunean a los profesores. Sufrimos al peor ministro de la historia de la Democracia, la Wertgüenza nacional. La Escuela Pública sufre el acoso y derribo de las ansias privatizadoras, que quieren meternos a irlandeses sin pasar por oposición o grupos dirigidos por familiares de los que mangonean, como si no tuvieran suficiente con el indecente reparto de puestos demasiado bien pagados. Está claro que hay que hacer algo y lo antes posible, que cruzarse de brazos como solemos acostumbrar es una postura que raya en la irresponsabilidad, pero ¿cuál es la postura que debemos tomar?

No hay que olvidar que nos inscribimos en el marco de una crisis que amenaza con un rescate (otro más) a nivel europeo, con un Gobierno inmisericorde con las clases medias y con la sociedad del bienestar, por lo que la ciudadanía al completo, no solo en Educación, debería responder ante estos ataques, que, no lo olvidemos, sufren sobre todo los más débiles, como los niños (Elvira Lindo lo señala en su Don de gentes). Y no sólo hablamos de subidas del IVA, de promesas electorales incumplidas o de una deriva política que se demuestra en la doble moral de exigir esfuerzos y no llevarlos a cabo ellos mismos (como pasa con el escándalo de las dietas de alojamiento). Además, el moroso Gallardón (ha dejado tal deuda en el (h)ay-untamiento de Madrid que solo podemos beber para olvidar, aunque ni eso, que nos sabe mal la Botella) quiere sacar una ley antediluviana contra el aborto y pretenden una reforma electoral que favorezca sus injustas mayorías cuando lo que tenían que hacer es dimitir y convocar nuevas elecciones. 

Por tanto, la respuesta no puede reducirse sectorialmente, sino que tiene que venir de la mano de toda la ciudadanía, como bien apuntaban en Valles y Cumbres. No es momento para extremismos (solo secundados por minorías) ni luchas parciales segmentadas por gremios, sino de arrimar el hombro y luchar de forma global, unitaria y estatal, por lo que la opción de la huelga general (o huelgas generales) es la que más me convence de cara a septiembre. ¿Tú qué piensas?

PD: es muy recomendable la serie 'Reaciones imposibles' del genial Juan José Millás.

martes, julio 24, 2012

De mamandurrias y otros abusos

Viñeta de Ferrán Martín en lainformación.com
Mamandurria:
(De mamar).
1. f. Sueldo que se disfruta sin merecerlo, sinecura, ganga permanente.

Qué fácil sería ponerle nombre a este individuo, ¿verdad?
Cuando oí las declaraciones de Esperanza Aguirre confieso que no conocía el significado de "mamandurria" y pensé que estaba diciendo que subvenciones y subsidios eran algo así como fruslerías o bagatelas que había que erradicar. Los asesores de la Presidenta sabían que ese término no muy conocido y con resonancias castizas, "campechanas" y aparentemente espontáneas daría mucho que hablar. 

Al margen de lo anecdótico (aunque la mamandurria tiene más trasfondo de lo que parece, primero porque ahora sabemos que los políticos -y sus asesores- son -o tienen- mamandurrias porque son una casta caciquil; y segundo porque, como dice acertadamente Ignacio Escolar, como siempre la primera que habla es la primera que debía callar), lo que cuenta es qué quiere decir esta mujer, y como siempre se escuda en su política neolibral (o neosalvaje) para justificar los recortes presupuestarios que siempre inciden en una única dirección.

Que hay que ajustar gastos e ingresos es algo que casi todos sabemos (aunque en Valencia no se enteran: 500.000 euros se gastan para cambiar sillas de plástico y 140.000 en la batalla floral), pero la aplicación es muy distinta según se sea parado, funcionario, en breve jubilado, o si eres político y no quieres renunciar a tus abusivas dietas de alojamiento y manutención, como Montoro (y cía, como está publicando El Confidencial: qué fácil es no aplicarse el cuento, ¿verdad? Una medida que desde aquí propongo, aparte de echar a los corruptos y presuntamente corruptos, es que para salir de la crisis TODOS los políticos cobren el salario mínimo interprofesional, para ver si así se implican más con la ciudadanía en vez de preocuparse por su puesto futuro en Timofónica). Por no hablar de las grandes fortunas que disfrutan de sus paraísos fiscales (17 billones defraudados entre 2005 y 2010, que se dice pronto).

La deuda que ellos han creado quieren que la paguemos nosotros no solo vía IVA o recortes de sueldos, sino perdiendo nuestros derechos y convirtiéndonos en una sociedad de dos velocidades, la de los que puedan permitírselo y los demás que no podamos. Es un juego macabro en el que insisten en todos los campos: judiciales (recurrir valdrá dinero), médicos (incluso en retrógradas medidas como impedir el aborto incluso en casos de malformación del foto, medida que va a la par con la retirada de ayudas en dependencia), de servicios (privatizan todo lo que se mueve y lo que era de todos pasa a ser de unos pocos, unos pocos enchufados o familiares de los políticos de turno) o educativos.

¿Y cómo les permitimos estos abusos? Primero porque seguimos siendo unos fanáticos de partidos políticos y justificamos lo injustificable con tal de seguir vistiendo los colores rojos o azules; segundo porque no estamos bien formados ni informados, y no contrastamos ni criticamos ni reflexionamos sobre lo que sucede; tercero porque lo que nos importa es que el Madrid gane la Champions o España revalide el Mundial o no hagamos el ridículo en los Juegos Olímpicos; cuarto porque en el fondo la base de la sociedad está corrupta y justificamos y amparamos la corrupción votando a los Fabra de turno y demás; quinto porque somos insolidarios y no empatizamos con quien no encuentra un trabajo o quien pierde buena parte de su sueldo quitando pagas extras mientras a mí no me afecten; sexto porque el entramado político que dice llamarse democracia ampara más a un sistema capitalista de deudas macroeconómicas en vez de a las personas que están aplastadas bajo ese yugo; séptimo porque no estamos unidos y seguimos refugiándonos en disgregadores siglas, sindicatos, gremios o similares; octavo porque nos creemos los mensajes que nos mandan los políticos en el poder de que no hay dinero y no hay más opción que la que imponen ellos; noveno porque no demandamos cambios legislativos, constitucionales y políticos, ni exigimos responsabilidades a los banqueros que han estafado con preferentes y han creado un agujero con sus prácticas ilícitas, ni endurecemos las leyes y no pedimos la devolución íntegra de lo robado; décimo porque los medios de información están secuestrados y permitimos que el PP mangonee impunemente en los criterios de objetividad del ente público y metan al Somoano de Teleesperanza y similares para controlar que de 20 minutos en telediarios, ellos salgan en 19. Luego denuncian si les llaman nazis (me parece estupendo el recordatorio de Valles y Cumbres al respecto), pero sus técnicas de control no pueden sino calificarse de fascistas (represión en la Moncloa, en el Ejército, en la escuela...) y ver TVE ya es nauseabundo.

Por eso, aunque nadie en las altas instancias defienda lo público porque les interesa más aplicar copagos que son repagos (como siempre acertadísimo Agustín Moreno) y privatizar, no podemos dudar en defenderlo entre todos. No dejemos que se carguen la Educación Pública: no podemos permitir que quieran cobrar Bachillerato o la Escuela infantil, ni desmantelar la Escuela Oficial de Idiomas, ni que impongan tasas abusivas para universidad o Ciclos Superiores. No podemos dejar que sigan despidiendo profesores aplicando ratios desproporcionados. A pesar de la ínfima inversión en Educación, los logros son tan enormes que ni siquiera pueden aducir que la cultura del esfuerzo que ellos preconizan (y que oculta una cultura de la segregación vía reválidas wertianas) favorecerá la selección de los mejores, porque los mejores ya están en la pública (nota más alta de Selectividad, recientemente tres riojanos de un instituto público de La Rioja han ganado el Google Science Fair). Impidamos estos abusos.



martes, julio 10, 2012

¿Huelga indefinida? ¡Huelga general!

Leo en Profesorgeohistoria, uno de los blogs referencia de la Marea Verde, un comunicado de la Asamblea que anuncia huelga indefinida para el día 17 de septiembre para todos los niveles y etapas educativas. Cuenta con el respaldo de Red Verde y de CGT. Ya había venido oyendo que era la única solución posible, la única respuesta que podía responder a la contundencia de la Comunidad de Madrid (ya extendible al resto del Estado). Estuve en la Asamblea Regional del 31 de mayo y estaba muy extendida la opinión de que había que hacer huelga indefinida, y se propuso una encuesta a sindicatos y asambleas para medir el apoyo a las medidas futuras.

Sin embargo, leo las conclusiones de la última asamblea regional (creo), del 27 de junio, y la encuesta no ha llegado a realizarse (pensaba que se dejaba ya para septiembre), pero veo que está la propuesta ya mencionada de la huelga indefinida por parte de CGT, que la vería viable con un 10% de participación (una cantidad ridícula, por otra parte). El resto de sindicatos no se pronuncian, o no la ven factible. Proponen huelgas estatales. 

Lo que parece claro es que no ha habido aún un debate previo para dicha huelga indefinida y me parece curioso un punto concreto: durante todo el curso, el sector más radical ha pedido una respuesta más dura, la huelga indefinida, y ha cargado contra los sindicatos mayoritarios por impedirlo. Les ha acusado de no ajustarse a los derechos de los trabajadores, de ir por delante en vez de por detrás y frenando medidas más efectivas. Y ahora van ellos y hacen lo mismo de lo que se quejaban: se sacan una fecha sin consultar (¿quién ha propuesto ese 17 de septiembre?) y parece que dan salida así a un deseo mayoritario, puede que de la Asamblea. Pero ¿quién ha decidido que la huelga indefinida es la única solución? ¿Quién ha otorgado a la Asamblea -si es que la Asamblea ha decidido algo- el poder de tomar decisiones del colectivo del profesorado?

Tuve la impresión en la Asamblea que asistí que la gente que quedaba (éramos alrededor de un centenar) después de innumerables reuniones estaba muy implicada y concienciada. Me parece que deberíamos no sólo agradecer y valorar (y nos quedaríamos cortos) la labor incansable que han venido realizando desde principio de curso. Hace falta mucha convicción y mucha resistencia para no rendirse por el camino, y más viendo cómo un amplio porcentaje de compañeros ha desistido de la lucha y de las reivindicaciones, no sólo no acudiendo a ninguna asamblea (no regional, digo ya local), sino desmarcándose de las huelgas puntuales (no sirven para nada, dicen). No se lo podían permitir, pero a cambio acudirían a las manifestaciones, aunque el seguimiento a las manifestaciones también ha ido decayendo. Daba igual que siguiesen los anuncios de recortes, de aumentos de ratios, de horas de permanencia en el centro, últimamente de que julio sea también lectivo... Se agacha la cabeza y se mira hacia otra parte, como si la cosa no fuera con ellos o no hubiese solución. Es lamentable, pero ese es el sentir mayoritario.

Pero al margen de ese reconocimiento y ese agradecimiento por mantener la implicación y la cohesión, también vi un punto peligroso, y es que se habían desgajado de la mayoría del profesorado. Cada vez ha sido más habitual ver cómo las asambleas en los propios centros han ido quedando reducidas a mínimos. Las reuniones en recreos o a últimas horas contaban con una participación exigua y al final desalentaban a la minoría que ha seguido movilizada. Los carteles dejaban de leerse, los correos electrónicos dejaban de enviarse, e incluso era una especie de tabú hablar de los recortes y de las huelgas o llevar la camiseta verde (seguro que lo que pasa en mi centro es un extremo dentro de esta tónica, pero lo cierto es que el agotamiento y la pérdida de participación en estos movimientos asamblearios ha sido una constante).

Por tanto, la mayoría de la Asamblea que reclamaba la huelga indefinida no tenía ningún respaldo detrás. Representaban su propia opinión personal, no la de su centro (como mucho, representaba el 20, 30, 40% del 50, 40 ó 30% del claustro que había asistido a dicha asamblea). Y podemos estar de acuerdo en que la huelga indefinida sería la solución más coherente que deberíamos llevar a cabo ante el desmantelamiento de la Escuela Pública, de los sangrantes recortes y de la voracidad privatizadora. Pero esta acción es lo suficientemente importante como para que sea consensuada, debatida y razonada. 

Hay que tener claro qué se pretende conseguir con dicha huelga indefinida para saber en qué momento o en qué términos se terminaría si la Administración se aviniese a negociar o a dar su brazo a torcer (es difícil concebir que cediesen a todas nuestras exigencias, que se contratasen de nuevo a todos los interinos despedidos, que se aumentase el presupuesto educativo, que el avance privatizador fuera desterrado de un plumazo...). Hay que tener, a ser posible, a los sindicatos mayoritarios detrás. Y a las asociaciones de padres. Y a la de los directores. Y que se secundase en todos los niveles. En todos los servicios públicos. Incluso en todas las comunidades autónomas. Pero sobre todo hace falta mucho más que un 10% dispuesto a seguir esa huelga indefinida. Hay que contar con el respaldo si no de la mayoría, sí de una cantidad de profesores cercana al 50%. Y creo, por desgracia, que los ánimos no están tan caldeados a no ser que se hiciese una labor de concienciación en ese sentido y creo que deberíamos empezar por convencer y jalear al compañero pasivo, remiso y resignado. Y proseguir concienciando a la sociedad en general, por lo que el trabajo debería ir en ese sentido antes de precipitarnos y fragmentarnos más.

Actualización  del 11 de julio: nuestro Gobierno ha subido el IVA, ha bajado la prestación por el desempleo, suprime la deducción por vivienda y carga de nuevo contra los funcionarios empeorando su situación laboral y mermando su capacidad adquisitiva quitándonos la paga extra de Navidades. La huelga indefinida ya se ha quedado desfasada porque no creo que el sector educativo sea el único que sufre la incompetencia de nuestros dirigentes. La huelga indefinida debería ser una huelga general que no terminase hasta que este gobierno que no se rebaja el sueldo ni los privilegios, que no toca a la Iglesia, ni a la Monarquía ni a las grandes riquezas y que carga una y otra vez todos los sacrificios en el trabajador, en el jubilado, en el parado se fuese a la puta calle. O a la puta hoguera. O a la puta guillotina.

martes, julio 03, 2012

Consecuencias de la optimización de recursos (Y ayudas del transporte)

Pongamos dos ejemplos ilustradores, uno inventado y otro por desgracia no, para ilustrar el tema de los recortes/ajustes/optimización de recursos:
  • Ejemplo número 1:
Llega el político de turno y decide que para que la sostenibilidad del sistema sea posible (yo diría que para que sus dietas, sus múltiples sueldos y prebendas se mantengan, y no tenga que atizar mucho la rama de quien les da de comer, es decir, bancos y grandes empresarios, no vayan a enfadarse aquellos que les financian las campañas electorales) hay que hacer una serie de "modificaciones convenientes de los presupuestos" (voy a colaborar un poco en la creación de eufemismos).

Vamos a rascar, por ejemplo, de las basuras. Dejaremos de recoger mierda los domingos, y así arañamos un poquito porque nos ahorramos combustible, nos pulimos sueldos de trabajadores que no tendrán que venir, reducimos horarios, aprovechamos para reducir costes en reciclaje... ¡Un chollo! (porque extenderemos la medida y recogeremos basura un día sí y otro no, y así tendremos que pagar la mitad y la otra mitad de los trabajadores -sobre todo si son vulgares interinos- sobrará y nos podremos ahorrar sus nóminas). Además, afirmaremos sin lugar a dudas que el servicio no se resentirá, que era necesario una reestructuración del servicio porque era deficitario o estaba por encima de nuestras posibilidades, el basurero era un privilegiado y hacía poco para lo que cobraba (por eso le bajaremos otra vez el sueldo, de paso). Más trabajo (y peores horarios) para el que no ha sido despedido por menos dinero. Si se mueve, corre el riesgo de irse a su casa, que los tiempos son difíciles.

Quien dice basuras, por cierto, dice metro. Y vaya por dios, el caso que creía inventado no lo es tal, o no del todo.
  • Ejemplo número 2:
Llega el político de turno (esta vez de la Comunidad valenciana) y decide ir reduciendo el presupuesto para la prevención y extinción de incendios. Menos medios, menos profesionales, pero mismos resultados, defiende. Pero llega el desastre.

Hemos ardido por encima de nuestras posibilidades, en efecto (imprescindible la entrada, no se la pierdan). Ya uno no se puede sorprender de la desfachatez de nuestros ¿servidores públicos? y parece imposible que puedan defender los recortes en este campo, pero no apostaría a que alguno tergiversase justificándose y lo intentase. Las matemáticas chusqueras de la suma del quito profesionales, los cargo de horas, no actualizo sus herramientas o directamente se las quito y que dé como resultado una no incidencia en el servicio que se ofrece es una mentira. Hay un rastro calcinado del tamaño de la ciudad de Madrid como testigo (eso sí, los socialistas solo piden dimisiones si destapan un ERE, incendiar 50.000 hectáreas o quebrar el país con un sistema financiero de tocomocho no merece responsabilidades).

¿Se puede seguir defendiendo que los recortes/ajustes/optimización de los recursos no implican un deterioro de los servicios básicos, de nuestra sociedad del bienestar? La respuesta es bastante sencilla salvo para los mismos interesados de siempre, los que quieren negociar y enriquecerse de una privatización que parece la única solución posible. El resto, los que vemos que estas matemáticas adulteradas son imposibles y vemos que Wert, Esperanza y Cospedal -como principales representantes de estas medidas- son unos (***** adjetivo calificativo de connotaciones negativas y peyorativas *****), deberíamos coger el toro por los cuernos (ya que son tan aficionados a ello. A los toros, digo, aunque quién sabe si a los cuernos) y negarnos a pasar no ya por tontos, sino por imbéciles. 

Los recortes en servicios públicos indispensables se pagan. En el caso que nos toca, nos jugamos la preparación de las futuras generaciones, el futuro de nuestro país. Ciencia, investigación y educación deberían ser pilares indispensables, otras crisis históricas lo han demostrado. Que el Canal de Isabel II, Renfe, la Escuela Pública, los Hospitales Públicos, etc. pasen a manos de unos pocos que mirarán sus cuentas y no el bienestar común no arregla nada salvo el bolsillo de esos pocos que encima no declararán a Hacienda y tendrán sus cuentas en paraísos fiscales hasta que llegue alguna amnistía fiscal.

Esperemos que la tragedia medioambiental de Valencia sirva al menos para abrir unos cuantos ojos más.

PD: han salido hoy, día 3 de julio, las ayudas del transporte en nuestra insigne comunidad. ¿El motivo del retraso? No seamos malpensados. Puede que no sea simplemente joder un poco al personal (sobre todo personal interino, que tendrá que ir en julio sí o sí al instituto a que le firme el director la solicitud). Puede que el objetivo no sea ahorrarse dinero aprovechando que la mayor parte del profesorado ya no está pendiente de estos asuntos.