viernes, febrero 19, 2010

189. La otra cara de la moneda

Esta entrada tendrá dos acepciones. La 1ª referida a lo que dije en la entrada anterior y la 2ª a lo que puede ocurrir en un aula.
  1. Tras algo parecido a lo que supone dar una buena clase, al día siguiente, en 1º de la ESO, acabé pegando gritos como un energúmeno. Hasta una compañera entró a ver si pasaba algo... ¡Qué vergüenza!
  2. Esta compañera que entró a ver lo que pasaba, justo en la hora anterior había sufrido en sus propias carnes la mala educación y el nivel de gamberrismo en su máximo exponente: en 4º de la ESO, tras negar la salida al baño a uno que se puso imposible, este llegó a afirmar que quería "mear" en su boca.
Ampliaciones para 1 y 2.
  1. No sirve como justificación, pero a veces los pequeños son como termitas. Van royendo incansablemente, minando tu paciencia, hasta que explotas. El panorama había consistido en una recopilación de actitudes incomprensibles: una que se levanta sin permiso a tirar algo a la papelera, otra que se pone a hablar con una compañera de otra fila, otro haciendo trizas un papel, el de más allá haciendo ruidos extraños con la boca, una mina de bolígrafo por los aires mientras que un sinfín de dispares comentarios a destiempos se acumulan en los tímpanos...
  2. 15 días de expulsión a este alumno soez e impresentable. Pidió perdón a la profesora en el despacho del director y dijo que se le había ido la cabeza. De todas formas, me parece un castigo muy liviano para la ofensa cometida. ¿Por qué no plantearse que la expulsión es más un premio que un castigo? ¿Por qué no acompañarlo de algo así como servicios sociales, y que así paguen los malos comportamientos? Sería mucho más útil que darnos la catalogación de autoridad pública...

8 comentarios:

Antonio dijo...

Lamentablemente, detrás de la mayoría de esas actitudes suele hallarse un abandono de la educación familiar: no nos equivoquemos, hacen en el aula casi todo lo que les permiten en casa (aunque luego vengan los padres y se hagan los sorprendidos).

eduideas dijo...

La expulsión solo sirve para que descanse el profesor, es un premio, debería ser la línea contraria, puesto que pierdes clases, la recuperas doblemente, vigilado y con trabajo que te permita o mejorar en la materia o reflexionar sobre lo que has hecho

Anónimo dijo...

Yo pienso que incluso aquellos que han sido expulsados tienen el derecho del acceso a la educación. ¿Por qué privarles de ésta? ¿Por qué premiarlos con irse a casa a jugar a la Play (posiblemente sin sus padres) o quedarse en la calle haciendo de todo menos meditar sobre la causa de la expulsión?

¿Has oído hablar del Programa Parces? Es algo así como un aula de convivencia para los que no hacen más que molestar en clase, solo que también pueden asistir los que han sido expulsados unos días del instituto. Así no se sienten premiados por su mal comportamiento, y al mismo tiempo no se les niega el derecho a la educación.

:) Bien pensado, ¿no?

Mucho ánimo, Juli.

Un abrazo, Inma.

Cristinaa dijo...

Todo lo que dices me suena, lo he visto en mi propia clase, y no te imaginas qué de cosas más (hemos llegado a tener una matrícula de un coche [no robada] colgada en la pared, o un silogismo escrito en 3 metros de papel llegando a la conclusión de que quien lo escribió el Dios...). Lo que pasa es que por mucho que se hace casi nunca pasa nada. Los profesores no quieren poner partes, y si los ponen tampoco suele pasar nada, hasta que se juntan 3 (q solo pasa en casos extremos), que se les expulsaría 3 días o más, si es necesario. En ese caso tienen que ir todos los días con el horario normal al instituto, copiar los derechos y deberes que tenemos como alumnos casa día, limpiar las clases, sacar la basura y hacer TODO lo que le digan sin rechistar.
Aunque casi nunca pase, cuando se llega a ese caso creo que en mi instituto sí consiguen que se piense mejor la sengunda vez jaja

Un beso, ¡y ánimo!

LauraConChocolate dijo...

¿Por qué no mearle a él en la boca?

Jajajaja, vaaaaale, no. Yo no estoy a favor de esas medidas ni de pagar con la misma moneda, pero es que tienen tela a veces estos niños de hoy.

Lo peor es que creo que los profes no podéis castigarles con algo que les afecte. Como mucho podéis suspenderles, expulsarles -lo cual es un regalo- o... poco más.

Son los padres los que pueden privarles de cosas que sí les importan, como la Play o la paga. ¿Sus padres no se plantearán un castigo de este tipo ante la situación? ¿O de tal palo tal astilla?

MUY FUERTE.

MOLTS BESETS!!!!

Yolanda dijo...

Contáis casos tremendos, colegas. Yo viví casi lo mismo en la extinta 2ª Etapa, pero con alumnos aún mayores se agrava la conflictividad (palabra muy utilizada por los políticos, y por tanto devaluada). Sé que los recursos legales son vergonzosamente escasos e ineficaces. Todos clamamos por una reforma que ponga fin a estas situaciones, o al menos deje adoptar medidas más eficaces que sirvan de ejmplo y escarmiento. Cuando un alumno de quince o dieciséis años comete tales desmanes es porque antes se le han permitido otros. Lo sé por referencias de algunos de mis antiguos alumnos que ya eran buenas "promesas" en Primaria. Algunas veces, escasas, contamos con el apoyo de las familias y el chaval mejoró; otras siguió una trayectoria lamentable, pero previsible. Qué doloroso es comprobar que no solemos equivocarnos... ¿Cuándo nos harán caso legisladores, políticos, burócratas, padres y demás implicados en la educación?
Un saludo.

Esther dijo...

En nuestro centro se estilan los servicios sociales antes de llegar a la expulsión. Así todas las tardes tenemos alumnos barriendo el patio, ordenando libros en la biblioteca, trasladando cajas o muebles,...
También tengo que decirte que la semana pasada asistimos atónitos a una manifestación de madres de 2º de ESO en el vestíbulo de nuestro instituto acompañadas por sus hijos, a mitad de mañana y en horario escolar, claro, protestando por este tipo de medidas. Vivir para ver.

Lu dijo...

Lo que voy a decir no es broma. Una forma de reconducir situaciones límite es simular un retroceso temporal. Volvamos atrás... en el punto en que... Es una oportunidad para rectificar.